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El flujo del amor

Encontré este pequeño texto, y me pareció maravilloso. Las relaciones amorosas son un tema constante e importante en la psicoterapia, fuente de fuertes conflictos, y de grandes satisfacciones, de enojo y frustración pero también de sensación de plenitud. Al respecto se los comparto:

EL FLUJO Y REFLUJO DE LAS MAREAS

Cuando amas a alguien, no lo amas todo el tiempo exactamente del mismo modo momento a momento. Es imposible y es una mentira pretenderlo.Y precisamente esto es exactamente lo que demandamos. Tenemos muy poca fe en el flujo y reflujo de la vida, amor y relaciones. Brincamos con el flujo de la marea y nos resistimos al reflujo con terror cuando mengua. Sentimos miedo de que nunca vuelva. Insistimos en la permanencia, duración y continuidad; cuando la única continuidad posible en la vida, como en el amor, es el crecimiento, la fluidez y la libertad. La unica seguridad real es no dominar o poseer, no demandar ni esperar, no mirar atrás con nostalgia ni hacia delante con temor y anticipación. Las relaciones son como islas uno debe aceptarlas en el aquí y ahora con sus limites rodeadas e irrumpidas por el mar continuamente visitadas y abandonadas por las mareas.

Anne Morrow Lindberg

¿No está maravilloso?

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El sol dentro de ti

El poder que tiene el sol para dar vigor y relajar el cuerpo, la mente y el alma, es innegable. En estos meses en los que se acerca el invierno, podemos llegar a extrañar la belleza del sol. Pero es importante recordar que incluso en estos días que son un poco más cortos, un poco más fríos, con menos sol, pueden ser tan bellos como siempre. Sólo porque el sol esté escondido atrás de las nubes o se ponga más temprano, no significa que no podamos acceder a su poder, belleza y calidez.

Una manera de hacer esto es encontrar un espacio cálido en tu casa donde puedas sentarte o recostarte en paz. Cierra tus ojos, y permite que tu aliento entre y salga fácil, alargando progresivamente cada inhalación y exhalación hasta que te sientas muy relajado, en paz y cálido. Imaginamos que es un cálido día de verano y que el sol brilla sobre nosotros, y dejamos su calor entrar en nuestro cuerpo. Podemos incluso imaginar que un pequeño sol ha tomado como hogar nuestro corazón, sin pensarlo mucho, solo dándonos el tiempo de experimentar esta sensación, permitiendo a nuestro corazón irradiar calor desde dentro de nuestro cuerpo.

Puedes hacer esto cada noche, o al principio del día, dándote la oportunidad de conectar con una gran fuente de energía. Mantener al sol dentro de ti cuando puede fallarte en el exterior, es una gran manera de saludar al sol y dejarlo calentar tu alma.

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Cultivando resiliencia

¿Porqué algunas personas evolucionan a lo largo de sus vidas y otras permanecen atoradas en el mismo lugar?

Creo que tiene que ver con la resiliencia.

Una manera de pensar la resiliencia es la habilidad de volverse fuerte, sano o exitoso después de que algo malo pasa.

El problema, y la ventaja, es que no nacemos con una dosis fija de resiliencia, sino que es algo que vamos construyendo y trabajando a lo largo de nuestra vida. Es cómo un músculo que podemos descubrir y moldear para llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos. ¿Y cómo?

Hay varias maneras de cultivar la resiliencia a lo largo de la vida.

Construye gratitud: ser capaz de agradecer y apreciar es clave para la resiliencia. Las personas que se toman el tiempo para pensar en lo que agradecen son más felices y más sanas. La gratitud se alimenta a sí misma. Podemos agradecer que tenemos un techo o a nuestra familia y amigos, podemos agradecer como el mundo gira alrededor del sol y sus rayos nos besan la piel todos los días, podemos agradecer un árbol que nos da sombra, o agradecer cada vez que sentimos nuestro propio aliento sobre la piel. Entre más practiquemos este “notar las cosas buenas” en nuestra vida, más fácil va a ser encontrar los beneficios y las cosas buenas en los tiempos difíciles.

Ten sentido del humor: convertir los momentos difíciles en momentos graciosos se traduce en más risas y al mismo tiempo más luz en los momentos oscuros.

No te anestesies: todos tenemos escapes, a veces comemos, a veces tomamos, vemos la televisión o nos vamos de compras. Esto raya cerca de la adicción y es contraproducente para desarrollar la resiliencia. Cuando estamos cerca de estas adicciones, le damos energía a nuestra poca capacidad para lidiar con la vida, en lugar de alimentar nuestra resiliencia. Hacer consciencia de nuestras tendencias a anestesiarnos puede prevenir que nos clavemos en eso más adelante.

Pide ayuda: parte de ser fuerte es saber que a veces necesitamos ayuda. Hacernos al hábito de pedir ayuda, desde encontrar un terapeuta hasta decirle a tu pareja que te gustaría que te ayude a doblar la ropa, puede interrumpir el pensamiento que constantemente nos dice que tenemos que hacer todos solos. La habilidad de recibir ayuda es crucial para construir un bloque de resiliencia.

Encuentra el propósito: en algunos sentidos, el sufrimiento cesa de ser sufrimiento en el momento en el que le encontramos un significado, algunas personas encuentran sentido después de que les pasa una tragedia, o después de ayudar a alguien que está atravesando por una, algunos hacen arte, otros escriben libros, otros dan pláticas. La práctica de encontrar pequeños destellos de bondad puede ayudar a sobrevivir lo impensable.

Tomarte el tiempo para cultivar la resiliencia trae esperanza en nuestras vidas, ya sea para enfrentar el estrés de cada día, o los grandes retos de la vida.

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Para esos días difíciles…

Esto es para esos en los que nos duele el corazón, que pulsa furioso, con dolor.

Para esos días en los que nos aguantamos las lágrimas, tratando por todos nuestros medios de mantenernos en pie.

Esto es para esos días en los que nuestra alma se siente pesada, en los que nuestros hombros pesan, y pareciera que están abajo, muy abajo.

Esto es para esos días en los que salir de la cama nos hace sentir como los máximos ganadores, como si solo por poder hacer eso mereciéramos un premio.

Esto es para esos días en los que temblamos de enojo, en los que cualquier cosa nos hace explotar.

Esto es por esos días en los que nos sentimos vacíos, inútiles e invisibles, como un fantasma hambriento.

Si.

Esto es para esos días realmente difíciles.

Esos días que nos hieren, dejándonos desnudos y exhaustos, temblando en la oscuridad.

Esos días en los que lo único que queremos es darnos por vencidos.

Esos días en los que queremos subir muy lejos, realmente lejos.

Pero, no podemos.

No podemos huir. O escondernos. O rendimos.

Porque si lo hacemos, la única persona de la que estaríamos huyendo sería de nosotros mismos.

Dándonos por vencidos.

Escondiéndonos de nosotros mismos.

Así que, si, podemos tratar de escapar e irnos lo más rápido posible cuando las cosas se ponen difíciles.

Pero la cosa es, que cuando más nos necesitamos a nosotros mismos es cuando las cosas se ponen neto difíciles, en esos días terribles.

Quedémonos.

Vamos a aguantarlos hasta el fin.

No necesitamos entender lo que estamos sintiendo.

No necesitamos analizarlo.

Lo único que necesitamos es quedarnos y soportarnos a nosotros mismos.

¿Cómo?

¿Qué podemos hacer?

Podemos ser audaces y sumergirnos directamente en la dureza del día, sintiendo como el agua helada va goteando sobre nuestro corazón, haciendo hermosas figuras de hielo.

Podemos correr directamente hacia nosotros mismos, recibiéndonos con los brazos abiertos, una sonrisa de apoyo y una taza de té.

Podemos comprarle un hermoso ramo de flores a nuestra golpeada alma.

Podemos hacernos un tiempo y llorar 1000 lágrimas cristalinas, para poder ver el cielo claro una vez que esa lluvia de lágrimas saladas haya pasado.

Podemos bañar nuestra alma de burbujas, con olor a lavanda y tomar un profundo suspiro.

Podemos retirarnos por un momento del mundo, meternos debajo de las cobijas, suspirar, gemir, y dejarnos doler.

Podemos preguntarnos a nosotros mismos: “¿qué puedo hacer por ti en este momento?”

Podemos ser muy atrevidos, poner nuestro corazón en la mano y pedirle a un amigo en el que confiemos una dosis extra grande de apoyo.

Podemos acurrucarnos en posición fetal y llorar en nuestros mats de yoga.

Podemos escribir, pintar, cantar y bailar nuestro dolor, nuestro dolor apasionado, nuestro dolor malvado, y expresarlo son barreras, creando arte mágico a partir de nuestra locura.

Podemos escuchar música melancólica y llorar o gritar o temblar hasta que nuestro corazón se sienta aliviado.

Podemos pedirnos ayuda, darnos la mano y apretarla fuerte.

Sí.

Hay mil cosas hermosas que podemos hacer para apoyarnos a nosotros mismos.

Así que hagamos un trato, nunca nos abandonemos, nunca nos abandonemos otra vez.

Nunca.

Porque, si… hay días difíciles. Increíblemente difíciles.

Pero pueden ser sustanciosos también.

Pueden ser transformadores.

Pueden ser hermosos.

Pueden estar llenos de inspiración.

Pueden estar llenos de creatividad.

Pueden ser exactamente lo que necesitamos.

Así que seamos súper rudos y enfrentemos esos días con la frente en alto y nuestro corazón en la mano, bien cuidado.

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El duelo en la danza de la vida

El duelo puede darse a partir de muchas situaciones en la vida, pero debes saber que no es un estado permanente de vida.

Cuando experimentamos cualquier tipo de devastadora pérdida, ya sea la muerte de alguien que amamos, un sueño que tenemos, o una relación, los sentimientos que surgen dentro de nosotros pueden ser abrumadores o muy difíciles de afrontar. Esta sensación de duelo puede también emerger cuando nos separamos de alguien o algo que hemos bienvenido en nuestras vidas. Y aunque puede sentirse como si estuviéramos atrapados en una espiral de tristeza y vacío sin final, es importante recordar que el duelo que sentimos no es un estado permanente de vida, más bien, el duelo es parte del proceso de dejar ir, y puede, en muchos sentidos, ser un regalo, permitiéndonos ir más profundo dentro de nosotros mismos y redescubrir la luz en medio de esta terrible oscuridad.

Las emociones que acompañan cualquier tipo de pérdida pueden ser muy intensas y variadas. Un sentimiento de shock o negación es muy frecuentemente la primera reacción, que pronto se ve reemplazada por un enojo profundo. A veces, este enojo puede ser dirigido a la persona que “nos abandonó”, en otras ocasiones, puede ser una especie de indignación hacia el universo, que te hace pasar eso que estás enfrentando. Y aunque hay etapas de duelo por las que todos pasamos, de la negación al enojo, de la tristeza a la aceptación, las etapas del duelo muchas veces son como espirales, que a veces van moviéndose hacia adelante, y otras veces, hacia atrás. Se pueden incluso experimentar momentos de fuerza, de fe, y risa en medio de todo esto. Y aunque estas emociones parece ir y venir esporádicamente, es importante sentirlas, aceptarlas, y permitirles fluir. Con tiempo, paciencia y compasión, vas a encontrar, eventualmente, tu centro otra vez.

Mientras avanzamos en el duelo, nos podemos encontrar a nosotros mismos con resistencia a soltar el dolor, por miedo a dejar ir eso que perdimos. Podemos incluso interpretar nuestro avance hacia la sanación como un acto de traición o como si nos estuviéramos dando por vencidos. Debes saber que aunque el dolor se empiece a desvanecer, la esencia de lo que tenías y a quién amabas, ya te transformó y va a estar para siempre contigo. Si acaso, una vez que estés listo para que el dolor de la pérdida disminuya, los recuerdos pueden cobrar más vida dentro de ti. Recuerda que sanar es una parte de los ciclos del duelo, y que al permitirte sentirte restaurado de nuevo, te estás rindiendo a un movimiento natural que es parte de la danza de la vida.

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4 tips para bajar la ansiedad

La vida puede ser estresante, llena de compañeros de trabajo intolerantes, conductores imprudentes y miles de distracciones persistentes que muchas veces parecen llevarse más de las 24 horas con las que contamos en un día. Mientras estas frustraciones y preocupaciones parecen resbalársele a algunas personas, otras tienden a acumular tensión mental a pesar de tratar de relajarse.

La constante ansiedad mental puede hacer miserable (muy fácilmente) la vida de una persona. Cuando es poca, la ansiedad nos puede ayudar a enfocarnos y enfrentar retos de manera efectiva, pero si persiste por mucho tiempo, puede convertirse en depresión, llevarnos a tener ataques de pánico e incluso tener serias repercusiones a nivel físico.

La buena noticia es que algunos hábitos y ejercicios, que cualquier persona puede hacer, ayudan a bajar un poco la ansiedad o incluso a eliminarla. Si frecuentemente te sientes nervioso, tienes dificultad para concentrarte y tiendes a esperar lo peor de cada situación, puedes aprender unos trucos diseñados para ayudarte a relajarte, puedes, en general, mejorar tu felicidad.

Dedica todos los días un rato a reflexionar

Entre el trabajo, cuidar a la familia y todas las distracciones que la vida moderna conlleva, muy frecuentemente dejamos de lado el pensar en lo que queremos de la vida y hacia dónde estamos yendo. Apartar un ratito cada día, que sea específicamente para observar tus circunstancias y cómo te sientes con respecto a ellas, puede ser una gran manera de tener más claridad en tus emociones y lo que puedes hacer con ellas.

Llevar un diario acerca de lo que te pasa por la mente no sólo es una gran manera de manejar tu estado mental, sino que te permite echar un vistazo a las semanas o meses anteriores para descubrir si hay temas recurrentes que te preocupen. Otras opciones son meditar o simplemente tomar unos minutos antes de dormir para revisar los eventos importantes del día.

 

Inscríbete a un gimnasio o compra unos tenis para correr

Como cada vez más gente aprende, el ejercicio regular baja tu presión arterial en más de un sentido. Además de los beneficios a tu salud y de hacerte sentir con más energía, incluso cantidades moderadas de actividad física pueden contribuir de gran manera a mejorar tu salud mental, incluyendo sentir menos ansiedad. El ejericio también mejora tu ciclo de sueño, mejora tu memoria y reduce el riesgo de padecer varias enfermedades crónicas.

 

Aprende a hablar de lo que te molesta

Un niño aprende a hablar en un par de años, pero, sorprendentemente, la mayor parte de la gente nunca aprende a comunicarse. En particular, muchos de nosotros no hemos dominado el arte de manejar temas contenciosos o explicar realmente cómo nos sentimos.

Esto es desafortunado: ser capaz de hablar de estas cosas no sólo nos ayuda a evitar y solucionar conflictos, sino que es una excelente manera de tener una mucho más amplia perspectiva de la vida en general. Para muchas personas, hablar regularmente con un buen amigo o su pareja es suficiente para no hacer tormentas en un vaso de agua, pero la psicoterapia es también una buena opción, especialmente para quienes se sienten ansiosos en bases regulares.

Pon atención a tu postura y tu respiración

Tal vez debido al estilo de vida moderno y sedentario, la mayor parte de la gente está acostumbrada a respirar de forma muy superficial. Usar solo una pequeña parte de tu capacidad pulmonar significa que llega menos oxígeno a tu corriente sanguínea y a tu cerebro. Esto puede hacerte sentir más tenso y disminuir tu agudeza mental. Y peor aún, entre más tenso estés, más tiende a cerrarse el pecho, y más superficialmente respiramos, lo que te atrapa en un círculo vicioso.

Obvio nadie quiere estar atento a su respiración 24/7, pero practicar la respiración profunda es una de las maneras más simples y rápidas de parar tus pensamientos. Simplemente pon tu mano sobre el abdomen, y siente cómo se expande mientras respiras por la nariz, asegurándote de vaciar tus pulmones al exhalar.

A young woman in a red blouse smiling broadly

 

Y como nota al pie… no sentarte derecho o jorobar los hombros va, seguramente, a afectar tu respiración, pero además, juega un papel directo en cómo te sientes. Se ha estudiado como los seres humanos demuestran sus emociones, y se ha visto que nuestra postura y expresión facial SI afectan nuestros sentimientos. Así que si te sientes ansioso o triste, la expresión “al mal tiempo, buena cara” hace más sentido del que podríamos pensar.

 

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Algunas cosas que me gustaría que mi hijo supiera respecto a ser feliz

ser feliz

Ser madre es toda una travesía. Desde el momento en el que sabes que hay alguien vivo dentro de ti, hasta las enfermedades que sufres junto a ellos, los berrinches, los besos, las pláticas. Y los descubrimientos. Esos que haces acerca de ti misma, de cosas que nunca imaginabas. Cómo los cambios de planes, de prioridades, de forma de relacionarte, hasta de vocación.

Lo lindo, es que estos descubrimientos forman parte de la magia de volverte genuinamente más feliz. Porque es un viaje dentro de ti misma, que te lleva a lugares que simplemente no esperabas. Puede ser muy difícil, en incluso parecer imposible a ratos, pero hay que seguir y aprender, porque es el camino que más vale la pena.

Y en ese camino nos damos cuenta de que la mayoría de las veces, ser feliz tiene que ver con eso que damos a otros, en especial a nuestros hijos. Yo quiero que mi hijo sea feliz, que esté sano, que viva una vida plena llena de dicha y significado. Y (esto me ha llevado mi tiempo aprenderlo) la mejor manera de lograrlo, es lograrlo primero en mi misma. Solía pensar que concentrarme en ser feliz yo, era egoísta. Ahora estoy segura de que es lo menos egoísta que puedo hacer. De hecho, creo que ser feliz es una gran responsabilidad, sobre todo siendo parte del eje de una familia, es una responsabilidad con mi hijo, con mi pareja, con mi familia… con la gente que amo y me importa. Hasta con mis pacientes.

Así que aquí va, una lista, no exhaustiva, de como he ido aprendiendo a vivir una vida más feliz y plena. Es una especie de carta para mi hijo, lecciones o consejos que tarde menos en aprender que yo, y que espero algún día la entienda con la intención con la que está escrita.

Espero que al compartirlo, te inspire a crear tu propia lista y a compartirla con aquellos que amas.

  • Al final del día, se trata de tus relaciones con otros: del amor.
  • No esperes que alguien te de todo el amor y cuidados que deseas. Nadie puede ser tu todo, pueden ser tu “mucho”, pero no tu “todo”. Atesora a esas personas.
  • No trates de ser valiente todo el tiempo. Quiébrate de vez en cuando. Ten miedo. Estás tratando y aprendiendo. Está bien. Recuerda el porqué por el que empezaste y cuélgate de él. Ese porqué será tu guía a través del miedo.
  • Agradece. TODO. En especial las cosas pequeñas.
  • Se bueno contigo mismo. Háblate con amor, con benevolencia. Trátate como si fueras tu mejor amigo, aún después de cometer un error. No es que seas complaciente, es para ayudarte a ser mejor.
  • La mayor parte de las cosas mejoran después de una buena noche de sueño.
  • No guardes las cosas especiales para ocasiones especiales, disfruta todo lo que tienes. Cuando se te antoje. Usa tu ropa bonita porque sí.
  • Si dudas, date una vuelta. Caminar siempre despeja la mente.
  • Cuida tu cuerpo, no esperes a que la vida te pase factura por ser negligente contigo mismo.
  • Sólo puedes cambiar tú… no puedes cambiar a los otros, ni las relaciones… sólo a ti mismo. Si quieres cambiar algo (el mundo incluido), empieza por ti.
  • Eres más fuerte de lo que crees. Habrá veces que pensarás que ya no puedes más y descubrirás que si puedes… y el orgullo que viene después de lograrlo, atesóralo.
  • Un buen sueter que te gusta vale más que cinco que medio te quedan o no te gustan, por muy baratos que sean. Y lo mismo con todo lo demás.
  • Disfruta el AHORA. No te pierdas tu vida por andar siempre en la angustia del futuro y la añoranza del pasado.
  • Aprende de tu pasado, analízalo, entiéndelo… y luego déjalo atrás.
  • Come cosas de verdad, entre menos latas y procesados, mejor.
  • La felicidad no es sólo no tener emociones negativos. No es que estés fracasando en ser feliz si estás triste o enojado. Déjate sentir lo que sientes, sólo no pierdas de vista los momentos de calidez, cariño o belleza que siempre hay en el mundo… aunque tengas que limpiarte las lágrimas de los ojos para verlo.
  • Defiéndete. Es importante para que otros te den tu lugar, pero sobre todo es importante para que tú reclames el lugar que tienes en el mundo.
  • Esconder tus dones de otros no es humildad, es un robo. La verdadera humildad es aceptar tu responsabilidad de poner al servicio de otros esos dones. Tal vez puedas mejorar una (o varias) vida con ellos.
  • Confía en los detalles, eso te puede hacer feliz. Compra una pluma con la que te guste escribir, usa un buen balón para jugar, compra la manzana que se te antojó.
  • No existen las emociones equivocadas. Date oportunidad de sentir lo que sea que sientas, aunque sea difícil. Entre menos trates de evitar las emociones, más fácil será que puedas navegar a través de ellas.
  • Eres suficiente. Eres digno de amor, y maravilloso, y mereces felicidad verdadera y genuina. No tienes que hacer nada extra para ganártelo.
  • A la gente le importa mucho menos lo que haces de lo que crees.
  • Está bien tener días malos… esos también pasan… y nos enseñan cosas.
  • Si haces algo que te hace sentir bien, vuélvelo a hacer. Y aplica también en el trabajo.
  • Se honesto. Se real. Cuida tus palabras al serlo, pero di la verdad.
  • No eres tus pensamientos. No eres tus sentimientos. Son parte de ti, pero no son tu totalidad. Aprende a ser consciente de ellos para no transformarte en ellos.
  • Haz cosas manuales cada que puedas: cocinar, pintar, sembrar, tocar un instrumento, lo que sea. No te pierdas en este mundo virtual.
  • Cuando tengas un día espantoso, el menor logro ayuda. Así que limpia tu escritorio, párate de cabeza, tacha algo de tu lista de pendientes… algo que te ayude a sentir “logro”.
  • Se INTENCIONALMENTE amable, bueno. Y no esperes nada a cambio. Ya regresará.
  • Deja a un lado tus ideas de cómo deberían ser las cosas. La vida se va desarrollando como va, sobre la marcha, y tienes la opción de disfrutarla como viene, sin pensar en cómo debería de ser.
  • La comida sabe mejor en un plato que directo de la envoltura.
  • Todos los días encuentra un momento de silencio, de calma. De soledad. Aprende a disfrutar de tu compañía.
  • Si no sabes qué hacer, de todas maneras haz algo. La respuesta ya vendrá.
  • Viaja, todo lo que puedas. Y de vez en cuando, hazlo solo.
  • Lee, diario, lo que sea. Te enseña del mundo, te enseña a expresarte y te enseña a escribir. Cuida tu ortografía. Habla montones de ti.
  • Rompe tus reglas. Haz cosas que normalmente no harías: come algo que no te gusta, usa un color que “no es el tuyo”. Date la libertad de explorar.
  • Cuídate a ti mismo.
  • Ríete. Ríete mucho. Fuerte y seguido.
  • Nunca rechaces un abrazo por estar muy ocupado, o muy enojado, o por orgullo.
  • Que no lo veas no quiere decir que no exista.
  • Aprende la diferencia entre forzar algo y trabajar duro por algo. Te va a ahorrar mucho.

En serio… por último, todo se trata del amor. No el amor romántico, rosa, cursi… solo el amor. Ese que está dentro de ti. Encuéntralo, nútrelo, compártelo, nada en él. Viene disfrazado en muchas cosas. 

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Recordatorio

El duelo tiene diferentes etapas. No hay un tiempo definido para cada una. Tómate tu tiempo para elaborarlo, y da lo mejor de ti para que no te impida hacer las cosas que amas, las cosas que necesitas, las cosas que quieres. Sigue luchando, sigue esforzándote, recuerda que hay gente que te ama y que se preocupa por ti, así que no te aisles. Algún día te sentirás paz otra vez.

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Relaciones abusivas y chantaje emocional

Relaciones abusivas

¿Te has preguntado si estás en una relación abusiva?

El mero hecho de que te lo preguntes, ya debería de prender un foco rojo en tu mente. Una de las características de este tipo de relación es el chantaje.

Chantajear a alguien es manipularlo hasta hacerlo cuestionarse a sí mismo. Esto se ve en las relaciones abusivas e, incluso una vez terminada la relación, los efectos del chantaje siguen vigentes por mucho tiempo. Es por esto que es importante identificar estas relaciones tan pronto como sea posible y eliminarlas de tu vida.

El chantaje es una forma de abuso que da al que abusa el poder, y a la víctima la lleva a cuestionarse sus propios pensamientos.

Aquí algunas señales de que estás en una relación de abuso, chantaje y/o manipulación:

  • Tus miedos son usados en tu contra: Las personas abusivas a menudo buscan obtener mucha información de ti para después usarla en tu contra. Toman nota de tus vulnerabilidades. El abusador quiere sentirse mejor que tú, y asegurarse de que tú lo ves de esa manera también. Por ejemplo, si no te sientes a gusto con tu cuerpo, podría burlarse de eso y señalar personas que tú puedas ver como más bonitas o con mejor cuerpo.
  • Te hacen pensar que no te conoces a ti mismo: Actúan como si te conocieran mejor de lo que tú te conoces a ti mismo, haciéndote dudar de tus pensamientos y emociones. A veces usan esto para acusarte de mentir.
  • El significado de lo que es “normal” cambia: Esta es una de las señales más claras en las relaciones de abuso. Si alguien quiere convencerte de que algo es “normal” cuando tú piensas que está mal, necesitas salir de esa relación lo más pronto posible. Un ejemplo de esto es querer dar un paso más en la relación (ya sea tener relaciones sexuales, conocer a la familia, casarse, etc.) y que la otra persona no esté de acuerdo, y ya sea en un sentido o en el otro, los hagan sentirse mal por no estar listos.

Las relaciones de abuso se pueden dar en cualquier ámbito_ amoroso, laboral, de amistad, etc.

  • Se cuestiona tu salud mental: Frases como “estás mal” o “estás loco” son usadas constantemente. Y en la mente del que abusa, así es. Cuando las cosas no salen como quiere por sus vías de manipulación normales, pueden subir la intensidad cuestionando tu cordura. Tal vez te llamen paranoico, hormonal o demasiado sensible.
  • Dudas de ti mismo: Cuando te dicen las veces suficientes lo mismo, puedes llegar a creerlo. Una exposición constante a ciertos comentarios, va a hacer que cuestiones tu juicio y que eventualmente te rindas y dejes que la otra persona piense por ti.
  • Memoria poco confiable: Quienes abusan suelen tener memoria selectiva, y negar que hicieron o dijeron ciertas cosas cuando se les confronta. Puede incluso presentarse en forma de una promesa que nunca se cumple o que se niega haber hecho.
  • Mentiras piadosas: Aunque normalmente seas una persona que no miente, puedes encontrarte diciendo alguna mentira para evitar confrontaciones o discusiones. La mentira viene motivada por el estrés que genera una posible pelea con quien abusa.
  • No hay una necesidad de ser escuchado: Es natural para el ser humano la necesidad de ser escuchado, pero los hábitos aprendidos y el trauma por estar con una persona abusiva, puede modificar esta naturaleza. Puede hacer que dejes de hablar o de compartir cosas personales con quien abusa de ti, e incluso con otras personas.
  • Te cuestionas tu cordura: Las tácticas manipuladoras pueden cambiar de manera radical la forma en la que una persona piensa. Cuando estás constantemente tratando de terminar una discusión con una persona que abusa de ti, puede volverse fácil simplemente estar de acuerdo con esa persona, en lugar de defender tu punto de vista. El problema es que puede llegar a cambiar también tu verdadero punto de vista, e incluso hacer fácil para el otro hacer que tú asumas la culpa de algo o asumas que estas mal aunque no sea así.
  • Depresión: El desgaste que genera estar en una relación abusiva puede llevar fácilmente a una depresión importante. Estar preguntándote todo el tiempo si estas mal o si estas loco, puede llevar a un sentimiento de desesperanza. Lo peor, es que al plantearte si estas paranoico, o si no te acuerdas de las cosas, sólo vas a darte cuenta de la depresión y no de la relación abusiva en la que estás metido.

Es importante darse cuenta cuando estamos en una relación abusiva en cualquier ámbito de nuestra vida, y tomar acciones una vez que lo sabemos. Lo ideal es salir de esa situación lo más pronto posible y en caso de ser necesario pedir ayuda.

Psicoterapia

La pregunta de Molyneux

Hay un viejo enigma en la filosofía: ¿sería capaz una persona ciega que conoce el mundo por medio del tacto, de reconocer un objeto familiar si de pronto tuviera la habilidad de ver? A esta pregunta se le conoce como la pregunta de Molyneux.

El científico irlandés William Molyneux (1656-1698) expuso por vez primera el problema en su Dioptrica nova (1692) y lo planteó en forma de problema concreto a John Locke quien la reproduce en la segunda edición del Ensayo sobre el entendimiento humano (1694):

Estoy de acuerdo con la respuesta que ofrece al problema este hombre inteligente, de quien me envanezco en llamarme amigo, y soy de la opinión de que el ciego no podría, a primera vista, decir con certeza cuál es el globo y cuál el cubo, mientras sólo los viera, aunque por el tacto pudiera nombrarlos sin equivocarse y con toda seguridad supiera distinguirlos por las diferencias de sus formas tentadas.

Este problema tiene una analogía emocional muy interesante. Supongamos que una persona ciega, que conoce a su amado por tacto, y de manera más relevante, por su voz, pudiera de pronto ver. ¿La cara del objeto amado, vista por primera vez, sería objeto de amor? ¿Reconocería este individuo que ve por primera vez a su amado? ¿O le sería ajeno y extraño?

De acuerdo a Locke y a Molyneux, probablemente no la reconocería. Aunque el lado romántico del ser humano pueda sentirse compelido a pensar que si. Es como la idea del amor a primera vista, o como la idea del amor para siempre. Habría un vínculo fuerte, duradero e inexplicable entre dos personas sin importar las circunstancias.

Por otro lado no podemos ignorar lo que vivimos día a día, en cada una de nuestras relaciones, en las que las emociones llegan más bien como olas, a diferentes niveles e intensidades, con capacidad de calmar o destruir. El problema es que no todos somos expertos en oleajes, ni en amores, ni en ciegos que recuperan la visión.

Muchas veces en la práctica clínica de la psicoterapia nos topamos con personas incapaces de ver sus emociones, a los que tratamos de devolverles la visión, haciendo las veces de intérprete de sus emociones, y muchas veces parece que un mundo se abre frente a ellos, pero muchas otras parecen no poder conectar con lo que estamos traduciendo. Y yo a veces me pregunto si es posible que vean y reconozcan una emoción cuando nunca antes habían podido ponerle nombre, como ese ciego que no distingue un globo de un cubo al verlos por primera vez. Como ese ciego hipotético que ve a su amado por primera vez.

Darle nombre a una emoción lleva una responsabilidad, a veces difícil de aceptar. Pero es un paso fundamental para la madurez emocional. Ser capaces de reconocer y nombrar una emoción, nos da la posibilidad de disfrutarla, manejarla y hacernos cargo de ella. Es parte del proceso psicoterapéutico, y es parte del proceso de vida.

¿Cuáles son las emociones más comunes que vives en tu día a día? ¿Eres capaz de nombrarlas todas?