Gran parte de mi vida he vivido nerviosa, con ansiedad, preocupada… ya te sabes cómo va la imagen. Me quedo atrapada en mis pensamientos, especialmente en situaciones sociales y con respecto a mis vínculos cercanos.
Claro que he aprendido cosas, me he ido conociendo cada vez más, aceptándome más, aunque no del todo. Me he vuelto más autocompasiva. He aceptado que todos somos diferentes, sin tratar de cambiar a todos los que me rodean.
A veces me preguntan, sobre todos mis pacientes, cómo aplicar ciertos hacks, trucos, tips para manejar la ansiedad, para ser más seguros, y demás. Los temas por los que preguntan o las cosas que hacen son similares: afirmaciones positivas, imaginar a la audiencia encuerada, fingir confianza, tener pensamientos «de calidad»… pero eso no siempre funciona, muchas veces lo único que pasa con eso es que nos engañamos a nosotros mismos y no hacemos el trabajo de verdad. Ese que va profundo. Ese que es a largo plazo.
Pero muchas veces no tenemos tanto tiempo, sobre todo cuando se trata de temas de ansiedad, porque esa no nos deja vivir. Hay que saber vivir con ella y si no exterminarla, por lo menos hacerla más habitable. Y eso me lleva a eso que dice el título allá arriba. A lo que tenemos que entender: la conexión entre la mente y la tensión.
A lo largo de los años, he encontrado un vínculo directo entre la «ocupación» de nuestras mentes y el grado en que tenemos tensión en el cuerpo. Cuanto más ocupadas nuestras mentes, mayor el volumen de pensamientos que giran una y otra vez. Cuando tenemos mentes ocupadas, nos sentimos estresados. Cuando nuestras mentes están tranquilas, sentimos paz.
Los ataques de pánico, por ejemplo, ocurren cuando permitimos que el volumen de nuestros pensamientos escale hasta un nivel que afecta significativamente nuestro funcionamiento físico. De nuevo, hay un vínculo directo entre cuán tensos estamos físicamente y cuánto tenemos en nuestras mentes.
Esto no significa que nuevos pensamientos aparezcan en nuestras cabezas cuando flexionamos un músculo (por lo menos no necesariamente). Y también vale la pena entender que nuestros pensamientos se vuelven más abundantes cuando tomamos los pensamientos en serio. Así es como aumentan en volumen. Esto es preocupación. Esto es sobreanálisis. Esto es pensamiento excesivo. Esto es moverse hacia el pánico. Nos preocupamos por nuestras preocupaciones. Así es como se salen de control. Es una actividad altamente intelectual, basada en la mente.
Y ese es el problema.
Cuando nuestros pensamientos aumentan en volumen, nos estresamos. Literalmente nos hacemos físicamente tensos cuanto más pensamos. La ironía es que, a menudo, al intentar calmarnos, nos tensamos más. Bienvenida ironía.
Bueno, a lo que vamos. La relación entre mente y tensión, mente y estrés.
Es importante entender que nos espera una realidad más agradable, más tranquila, más pacífica y más efectiva cuando podemos encontrar una manera de relajarnos… Necesitamos encontrar una buena manera de calmar la cabeza, especialmente cuando empieza a correrse como media hacia arriba a volúmenes más altos de pensamiento.
Tenemos que hacer esto, pero no a nivel del pensamiento, como la mayoría cree que debería. No se trata de controlar nuestros pensamientos o pensar de cierta manera. Se trata de calmar la mente relajando el cuerpo. Cuando dejamos ir la rigidez en el cuerpo, nuestras mentes se vuelven naturalmente más tranquilas. Es por eso que la famosísima frase ‘solo relájate’ es tan común.
Funciona, y es vital en su simplicidad.
Pero no es tan fácil aplicarlo. El secreto está en que no necesitas que las cosas sean de cierta manera para poder relajarte. Aceptar esto, dejar que realmente forme parte de ti, es enorme. Y es lo que la mayoría de nosotros no entiende. Suena tonto, parece meme.
Vaya, es normal estresarse un poco, de lo que estoy hablando es de reducir la tensión y bajar el volumen de pensamientos que pasan por nuestra cabeza. Respira. Haz conciencia. Ve dónde estas, observa los colores, distingue los olores, conecta.
La conciencia reduce la tensión.
Así es como tranquilizas la mente.
La mente y el cuerpo no se separa, no se trata de tener los pensamientos correctos, o sea, si hay que pararlos cuando van por mal camino, pero no sólo es eso. Hoy practica esto. Relájate, siéntate y disfruta. Cuando relajamos el cuerpo, relajamos la mente.
Así es como se vive bien.
