El vacío que honra el vínculo

El Día de Muertos es más que solo una tradición, es un profundo y sofisticado trabajo de duelo. Esta fecha nos confronta con la esencia misma de la pérdida.

Cuando un ser querido se va, experimentamos una herida, seguida por lo que Freud denominó el «trabajo del duelo»: el doloroso proceso de desasimiento del objeto amado que ya no está. Esta labor no busca la sustitución del otro, sino la reconfiguración del propio mundo interno sin su presencia física. El vacío, esa sensación punzante que nos atraviesa, no es un mero «estar sin», sino el espacio psíquico que ha dejado el vínculo que nos constituyó.

Aquí es donde el recuerdo cobra su valor y trasciende. Recordar, más allá de la simple memoria, es un acto de unión. Al traer a la luz los gustos, anécdotas, colores favoritos de la persona amada ahora pérdida, no negamos la muerte, por el contrario, la aceptamos y la integramos. Transformamos la ausencia física en una presencia simbólica que perdura y nos sigue nutriendo.

El Día de Muertos es un mecanismo de sublimación cultural. Nos permite transformar la angustia y el horror de lo real de la muerte en un ritual bello y festivo. Al colocar la foto en el altar, al invocar su nombre, lo separamos del cuerpo inerte y lo elevamos al plano de lo simbólico, donde la persona vive eternamente en el discurso y el corazón de los que se quedan.

Si bien el dolor del duelo es ineludible, un indicador de la intensidad con la que amamos, la invitación de esta fecha es a resignificar el vacío. No a taparlo o evitarlo, sino a observarlo, a vivir la huella de ese amor que fue real y que ahora convoca una nueva forma de relación.

Démonos permiso de sentir y honrar el dolor sin juicio, de honrar nuestra relación en un recuerdo activo, de darnos cuenta de que aunque la vida sigue, somos poseedores de un legado, de aprendizajes y de un amor que va más allá.

El recuerdo no es un ancla al pasado, sino el puente que nos permite avanzar. Es la confirmación de que aquello que amamos, y que nos marcó, es parte intrínseca de lo que somos hoy.

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