Pendientes.

¿Cuántas veces necesitas hacer algo y no lo haces? Y no estoy hablando de esas veces que necesitas bajar 20 kilos y no puedes simplemente amanecer sin ellos. Estoy hablando de esas cosas como acomodar la correspondencia, sacar la basura, hacer un reporte, hacer una llamada importante y un largo etcétera. Estoy hablando de esas cosas que podríamos hacer como rutina y no lo hacemos aunque nuestra vida sería infinitamente más sencilla si lo hiciéramos. Tal vez sea flojera, tal vez desidia, tal vez aburrimiento. El punto es que mucha gente no hace lo que tiene que hacer hasta que ya no hay otra opción. O hasta que ya pasó algo (¿les suena eso de “ahogado el niño, tapado el pozo”?). De eso hablo.

Para mi la mayor parte de esas cosas tienen que ver con labores en la casa que no me gustan. Desde lavar la ropa hasta sacar la basura con toda la estúpida casa y su desorden en medio. Algunas otras veces tiene que ver con el trabajo, llamarle a alguien o escribir un reporte, preparar una supervisión. Yo creo que para mi tiene que ver con no tener un sistema. Una rutina. Si, a veces cuando no hacemos las cosas tiene que ver con que no tenemos las herramientas, pero la mayor parte de las veces para la mayor parte de la gente, tiene que ver con que no hay una rutina o un sistema o un horario establecido.

Y es del nabo. O sea, sé que es bueno, sé que es lo que se tiene que hacer, pero no siempre es agradable. Sobre todo al principio. Pero una vez que nuestro cuerpo y mente se acostumbran a lo que hay que hacer, simplemente pasa. Y fallamos menos.

Así que es importante hacer una rutina, para que cuando tenemos que hacer cosas que salen de eso podamos tener la energía suficiente para prestarles atención. Por ejemplo, una parada extra para recoger algo no se nos va a olvidar si ya tenemos un sistema en el que cumplimos con todo lo rutinario, porque en lugar de pensar “tengo que dejar a mi hijo en mi escuela, tengo que ir al consultorio, tengo que ir a la universidad, tengo que hacer un reporte, tengo que recoger a mi hijo, tengo que hacer la comida, tengo que regresar al consultorio, tengo que regresar a casa, tengo que… tengo que… tengo que…” podría estar sólo pensando “tengo que recoger los análisis a medio día” porque lo demás ya lo tengo automatizado. Es mucho más fácil. Así que si logro automatizar las cosas que tengo que hacer, como guardar los recibos de pago en cuanto llego a la casa, después voy a tener más energía para disfrutar otras cosas o recordar otras cosas, en lugar de tener que recordarme durante varios días que ya tengo los recibos de más de un mes acumulándose en el escritorio y que los tengo que guardar.

Además está la cuestión de que los pendientes nos drenan. Aunque no repitas como mantra tus pendientes todo el día, están por ahí, ocupando un espacio en tu mente. Es algo que cargamos todo el tiempo, y si a eso le añades las consecuencias, como podría ser la culpa, o algún retraso, etc., sale peor.

Así que automaticemos lo que nos cuesta trabajo, tal vez nos haga la vida más facil.

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