Cuando hablamos de salud mental, rara vez pensamos en el descanso como uno de sus pilares fundamentales. Solemos enfocarnos en emociones, pensamientos o incluso en situaciones externas que nos afectan. Sin embargo, la falta de descanso adecuado puede ser el detonante de muchos malestares emocionales, mentales y físicos.
El cuerpo y la mente están íntimamente conectados. El descanso, particularmente el sueño reparador, no solo permite que nuestro organismo se recupere físicamente, sino que también da espacio a nuestra mente para procesar experiencias, emociones y conflictos. En mi práctica clínica, he notado que muchos pacientes subestiman el impacto de no dormir lo suficiente o de descansar de manera ineficiente.
Cuando no descansamos bien, nuestra capacidad de pensar claramente se ve afectada. Las emociones se vuelven más intensas y menos manejables. La irritabilidad, la ansiedad e incluso el inicio o la intensificación de la depresión o la ansiedad pueden ser, en muchos casos, consecuencia directa de un sueño insuficiente.
Desde el enfoque psicoanalítico, podemos entender el descanso como un espacio simbólico en el que procesamos muchas cosas que no somos capaces de pensar durante la vigilia. Es el momento en el que el inconsciente tiene más libertad para desplegar sus narrativas, a través de los sueños o simplemente del acto de “desconectar”. No basta con dormir muchas horas, el sueño debe ser de calidad y estar libre de interrupciones significativas.
Si sientes que el cansancio y la falta de energía te acompañan constantemente, pregúntate: ¿estoy realmente descansando? Puede ser útil reflexionar sobre tus hábitos de sueño y el significado que tiene el descanso en tu vida cotidiana. Permitirte descansar es también un acto de cuidado hacia ti mismo, un reconocimiento de que necesitas recargar para seguir adelante.