Psicoterapia

No estás roto

Es muy fácil comparar nuestro mundo interno con las apariencias de otros… y es fácil convencernos de que todo el mundo tiene la vida resuelta y que somos nosotros los que estamos mal… rotos. Pero en realidad no, no estás solo en tu sufrimiento.

Dentro de nosotros mismos, muchos nos preocupamos por que nos sentimos asustados, heridos, rotos… y que nunca vamos a sanar. Y lo escondemos. Nos ponemos una máscara para proyectar que somos lo que creemos que los otros esperan que seamos.

Muchos tenemos las mismas preocupaciones, pensamientos críticos hacia nosotros mismos, angustias, tristes reflexiones… pero confundimos estas características y comportamientos humanos con fallas en nuestro carácter o defectos personales. No estas dañado, ni defectuoso, ni roto, por el hecho de tener estos pensamientos y sentimientos.

Con el estigma que todavía existe al rededor de la salud mental, es fácil sentir que somos “raritos” cuando tenemos que luchar con la ansiedad o la depresión, estrés, falta de amor propio, dependencias, enojo intenso… y no somos lo suficientemente bondadosos con nosotros mismos para reconocer que estamos pasando por una experiencia humana. Simplemente. Todos tenemos ese tipo de dificultades, a veces por situaciones estresantes como dificultades con la pareja, cambios de casa o trabajo, muertes, violencia en el ambiente… otras veces, aún a pesar de no tener una razón tan obvia.

Otras veces podemos tener el sentimiento de estar atorados con algo, o en algún aspecto de nuestra vida. Queremos hacer cambios en nuestras relaciones de pareja, en nuestro trabajo, en nuestros hábitos, pero no sabemos cómo, y es cuando buscamos la ayuda de un psicoterapeuta. En el consultorio es común ver pacientes que se sienten así porque no pueden dejar ir alguna creencia acerca de sí mismos. Están atorados en su historia, y al no dejar ir una antigua concepción de sí mismos, es difícil avanzar. Lo mismo pasa con las percepciones y creencias del ambiente que nos rodea. Estamos tan seguros de que las cosas son como creemos, que nos aferramos a las emociones que esta creencia nos causa. El problema es que nuestras mentes y corazones no tienen un botón de encendido/apagado, y entre más batallamos y nos comprometemos con estos pensamientos y sentimientos disruptivos, peor se vuelven.

Por eso es importante hacer consciencia de que no somos nuestros pensamientos y sentimientos. Es difícil verlo algunas veces, vivimos en nuestra propia cabeza, y cuando tenemos pensamientos que dan miedo o nos estresan o nos preocupan, podemos convencernos de que estamos dañados.

Un buen terapeuta puede ayudarnos a ver que no somos la suma de nuestros pensamientos y sentimientos atemorizantes. Un muy buen terapeuta puede ayudarnos a ver y entender porque nos sentimos ansiosos, preocupados, o sufrimos con pensamientos catastróficos. No estamos rotos ni defectuosos por no poder controlar del todo todos nuestros pensamientos, sentimientos y estado interior, y nadie es completamente feliz todo el tiempo.

La evolución juega un papel muy importante en nuestros pensamientos. Estamos hechos para esperar lo peor, porque eso permitía que el ser humano sobreviviera en este planeta. Este instinto no es un indicador de que estés roto. Al contrario, significa que estas equipado para operar de manera consistente como ser humano evolucionado.

Como humanos, aguantamos mucho. Muchos de nosotros pasamos por tribulaciones inimaginables, todos experimentamos duelos y cambios. Ir a terapia no es un signo de debilidad, por el contrario, es un signo de fortaleza. Se necesita mucha fuerza para enfrentar algunos temas. Es inspirador ver la resiliencia de algunos pacientes, que pasan por muchas cosas, y no se frenan. Al contrario, asisten a sesión y se hacen cargo de sí mismos, de sus pensamientos, sentimientos e historia, y hablan acerca de algunas partes de su persona que muchos otros deciden ignorar. Eso es muy valiente.

Me parece muy reconfortante saber que sin importar los problemas que cargamos, sin importar que tan raros y oscuros nos sintamos, no estamos solos.

Psicoterapia, Sin categoría

Engancharse en el dolor… o dejarlo fluir.

El dolor es uno de los grandes maestros en la vida, pero es importantísimo moverse a través de él y no atorarse ahí.

El dolor viene y va. Es sólo uno de los muchos componentes del gran ciclo de la vida. Y cuando lo vivimos como tal, el dolor puede servirnos como un gran maestro. Es cuando nos enganchamos en el dolor cuando se vuelve perjudicial para nuestro bienestar y desarrollo. Si empiezas a notar que te sientes cerrado, resentido, con el corazón pesado, o que tratas con todo de evitar que te lastimen otra vez, tal vez haya una parte de ti que está atorada en el dolor. Tener el dolor como compañero de vida puede hacer que te pierdas de muchas experiencias, y no solo hablo de las grandes experiencias de la vida, incluso de las cosas cotidianas como el disfrute de una charla o de una canción.

Podemos engancharnos en el dolor por muchas razones. De niños, nos es natural llorar, hacer un berrinche, y dejar que la experiencia nos mueva hacia adelante. Al dejarnos sentir nuestro dolor del todo de esta manera, nuestras emociones nos limpian, dejándonos abiertos y disponibles para nuevas experiencias. Sin embargo, con la edad, hemos ido aprendiendo como la expresión total de nuestras emociones ya no es apropiada, así que desarrollamos una variedad de estrategias para hacerle frente a nuestra incomodidad. Pudimos haber aprendido a enterrar nuestras emociones o a huir de ellas. Tal vez empezamos a pensar que al cerrarnos y no tratar cosas nuevas, estaríamos a salvo de sentirnos con el corazón roto, a salvo del rechazo, y a salvo del fracaso. Incluso tal vez nos acostumbramos a estar sufriendo, tanto, que nos da miedo estar sin sufrir, porque qué haríamos sin eso que nos ocupa tanto la mente. Pero, si seguimos aferrados al dolor más tiempo del necesario, estamos gastando mucha energía que podría ser canalizada en hacer nuestra experiencia en la vida más positiva.

Si estas conectado de manera continua con estos patrones de dolor ya tan conocidos, considera abrirte a conectar de manera consciente con ellos y dejarte sentir el dolor para después dejarlo ir. Ya sea un dolor de la infancia o de algo que te pasó la semana pasada, ve si puedes darle lugar para elaborarlo y luego dejarlo fluir. Cuando esto pase, vas a poder reconectar con la energía de vida que necesitas para ser feliz.

Psicoterapia

Rompiendo ciclos familiares

Romper los patrones familiares puede ser la labor más importante que hagas… y la más desafiante.

Es fácil creer que al salir de nuestra casa de la infancia y embarcarnos en la aventura de la vida adulta, nos hemos salido también de los patrones familiares dañinos. Sin embargo, al mirarnos de cerca a nosotros mismos, podemos descubrir que nuestros comportamientos y creencias son, todavía, esos que nos impusieron nuestros padres durante nuestra juventud, o nuestros abuelos, o tíos… o esas generaciones por arriba de nosotros que nos criaron. No importa quién haya sido, todos cargamos con creencias que nos han heredado. Podemos encontrar que estamos perpetuando ciclos de generaciones previas de manera inconsciente, como por ejemplo, el miedo a tener lo suficiente, no mostrar afecto, guardar secretos.

Y sin embargo, se puede evitar la transmisión de esos patrones negativos de una generación a otra. Es posible convertirnos en el punto final en el cual los ciclos familiares negativos se ven extintos y acabar con su influencia. Romper con el patrón es cuestión de superar los valores impresos en nosotros hace mucho tiempo y reemplazarlos con amor, tolerancia y conocimiento consciente.

Aunque hayas lidiado con los efectos acumulativos de los ciclos familiares que fueron la expresión de estilos de vida establecidos y un reflejo de la lucha que tus ancestros fueron forzados a aguantar, tú puedes liberarte de los efectos de tu historia familiar. La voluntad que tienes para despojarte de estas viejas y oscuras formas de energía y avanzar hacia adelante a una nueva y amorosa energía, pueden convertirse en una forma de Epifanía. Un día tal vez simplemente te des cuenta de que ciertos aspectos de tu vida temprana tienen un efecto negativo en tu salud, tu felicidad y tu habilidad para evolucionar como individuo. O puede ser que te des cuenta de que para poder trascender estos antiguos patrones y creencias limitantes, comportamiento irracional y emociones artificiales, tienes que cuestionar tus valores y examinar a profundidad cómo tu familia ha impactado en tu personalidad. Sólo cuando entiendas como los ciclos familiares han influenciado tu vida, podrás liberarte de esos ciclos.

Para poder cambiar de verdad, tienes que darte permiso de cambiar. Romper los patrones familiares no es un acto de rebeldía o traición. Es importante que confíes en ti de manera implícita al determinar qué comportamientos y creencias son los que te ayudarán a reescribir el sistema de valores generacionalmente impuesto que limita tu potencial individual.

Al romper tus ciclos familiares negativos, descubrirás que tu habilidad para expresar tus emociones y necesidades crecerá exponencialmente y que te embarcarás en un viaje que te llevará a tener un mayor bienestar que puede impactarte no sólo a ti, sino a quienes vienen detrás de ti,

Psicoterapia

La pregunta de Molyneux

Hay un viejo enigma en la filosofía: ¿sería capaz una persona ciega que conoce el mundo por medio del tacto, de reconocer un objeto familiar si de pronto tuviera la habilidad de ver? A esta pregunta se le conoce como la pregunta de Molyneux.

El científico irlandés William Molyneux (1656-1698) expuso por vez primera el problema en su Dioptrica nova (1692) y lo planteó en forma de problema concreto a John Locke quien la reproduce en la segunda edición del Ensayo sobre el entendimiento humano (1694):

Estoy de acuerdo con la respuesta que ofrece al problema este hombre inteligente, de quien me envanezco en llamarme amigo, y soy de la opinión de que el ciego no podría, a primera vista, decir con certeza cuál es el globo y cuál el cubo, mientras sólo los viera, aunque por el tacto pudiera nombrarlos sin equivocarse y con toda seguridad supiera distinguirlos por las diferencias de sus formas tentadas.

Este problema tiene una analogía emocional muy interesante. Supongamos que una persona ciega, que conoce a su amado por tacto, y de manera más relevante, por su voz, pudiera de pronto ver. ¿La cara del objeto amado, vista por primera vez, sería objeto de amor? ¿Reconocería este individuo que ve por primera vez a su amado? ¿O le sería ajeno y extraño?

De acuerdo a Locke y a Molyneux, probablemente no la reconocería. Aunque el lado romántico del ser humano pueda sentirse compelido a pensar que si. Es como la idea del amor a primera vista, o como la idea del amor para siempre. Habría un vínculo fuerte, duradero e inexplicable entre dos personas sin importar las circunstancias.

Por otro lado no podemos ignorar lo que vivimos día a día, en cada una de nuestras relaciones, en las que las emociones llegan más bien como olas, a diferentes niveles e intensidades, con capacidad de calmar o destruir. El problema es que no todos somos expertos en oleajes, ni en amores, ni en ciegos que recuperan la visión.

Muchas veces en la práctica clínica de la psicoterapia nos topamos con personas incapaces de ver sus emociones, a los que tratamos de devolverles la visión, haciendo las veces de intérprete de sus emociones, y muchas veces parece que un mundo se abre frente a ellos, pero muchas otras parecen no poder conectar con lo que estamos traduciendo. Y yo a veces me pregunto si es posible que vean y reconozcan una emoción cuando nunca antes habían podido ponerle nombre, como ese ciego que no distingue un globo de un cubo al verlos por primera vez. Como ese ciego hipotético que ve a su amado por primera vez.

Darle nombre a una emoción lleva una responsabilidad, a veces difícil de aceptar. Pero es un paso fundamental para la madurez emocional. Ser capaces de reconocer y nombrar una emoción, nos da la posibilidad de disfrutarla, manejarla y hacernos cargo de ella. Es parte del proceso psicoterapéutico, y es parte del proceso de vida.

¿Cuáles son las emociones más comunes que vives en tu día a día? ¿Eres capaz de nombrarlas todas?

Psicoterapia

Tu vínculo con tu terapeuta

Cuando lo piensas, la psicoterapia puede sonar a algo extraño: vas a ver a un completo extraño, una o dos veces a la semana, para que te escuche, te haga preguntas y te comparta algunos puntos de vista. Pero es una relación unilateral: sólo tú hablas de ti mismo.

Hay un nivel muy profundo de cercanía, confianza y rapport, que la hace una relación única. Un terapeuta puede sentirse como un amigo (pero no es una relación de amistad), como un familiar (pero no tienen relación consanguínea alguna), o un maestro (pero no hay una relación educativa formal).

Así que es una situación poco usual. Pero de alguna manera funciona. Puede dar consuelo a muchos males psicológicos que conocemos. Es tan efectiva como algunos medicamentos psiquiátricos. Pero la pregunta permanece: ¿qué es lo que hace que este misterioso proceso funcione?

Hay investigaciones que muestran que el factor principal que está en juego es la alianza terapéutica. En otras palabras, el grado en el que te sientas cómodo, conectado y parte de un equipo con tu terapeuta, y esto va a determinar qué tan efectiva va a ser la terapia para ti.

De alguna forma, esto hace sentido. Si vas a terapia y simplemente no haces click con tu terapeuta (sientes que no te entiende, nunca habla, habla mucho, te da demasiados consejos, etc.), entonces el proceso “sufre”. Pero la mayoría de las personas no piensan en esta alianza cuando escogen a un terapeuta. Nos ponemos a pensar en el nivel de experiencia, en el género, la edad, el estilo, la orientación teórica… pero todos estos factores no van a importar si no haces química con tu psicoterapeuta.

¿Cómo sabes si haz hecho una buena alianza terapéutica? Bueno, pues te dan ganas de ir a sesión. Sales de sesión con una sensación de que hiciste un buen trabajo o algún progreso. Se te mueven emociones. Es fácil abrirte con tu terapeuta y hablar de ti mismo. Y, tal vez lo más importante, sientes que tu terapeuta te entiende. Y para la tercera o cuarta sesión o entrevista, sientes que se está dando un vínculo.

Muchas veces los pacientes acaban con el terapeuta equivocado. Tal vez sea amable y educado. O esté tratando de ser de ayuda. Pero por alguna razón, no hay una conexión. Y los pacientes guardan la esperanza de que va a mejorar con el tiempo, o se culpan por que la terapia no está yendo como ellos pensaban. Lo que hay que recordar es que no todos los terapeutas son buenos para todas las personas. Tu mejor amigo puede jurar que su terapeuta es lo máximo, pero tal vez para ti no es bueno.

Si estás pensando en ir a terapia, que la alianza terapéutica sea un factor importante. Asegúrate de sentirte cómodo con tu terapeuta, y que la “energía” de su interacción sea buena. Y si no hay esa “química”, considera buscar a un terapeuta nuevo. Y si has estado con un terapeuta por mucho tiempo y aún no te sientes cómodo, habla de eso con él o ella, o incluso considera hacer un cambio.

Si te da miedo lastimar los sentimientos de tu terapeuta, no te preocupes. Todos los terapeutas han enfrentado situaciones así en el pasado. Es una parte normal del proceso. Como psicóloga, aliento a mis pacientes, especialmente a los nuevos, a preguntarse cómo se sienten hablando conmigo, ya que en el trabajo que haremos juntos, se tocan temas muy personales y se abren temas que pueden hacerlos sentir vulnerables. Una cosa es que a veces se enojen conmigo o les diga algo que les duela, pero otra es que se sientan lo suficientemente cómodos como para aguantarlo.

El trabajo que se hace dentro de una sesión, es trabajo de dos, y para trabajar juntos, paciente y terapeuta necesitan sentirse bien uno con el otro.

La psicoterapia te permite ser la voz más importante dentro de tu propia mente, a través de la voz de alguien que te escucha desde un vínculo sano y en un espacio seguro.

La alianza terapéutica te permite ser la voz más importante dentro de tu propia mente, a través de la voz de alguien que te escucha desde un vínculo sano..png

Eso es una buena alianza terapéutica.

 

¿Porqué será que la alianza da un espacio para sanar?

¿Qué tiene el vínculo, que permite que la magia de la psicoterapia ocurra?

Psicoterapia

¿Qué es la psicoterapia psicoanalítica?

La terapia psicoanalítica o psicodinámica se desarrolla a partir de las teorías y las prácticas de la psicología profunda y el psicoanálisis. Surge a partir de las ideas de Sigmund Freud a finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, pero sus métodos han cambiado y se han desarrollado mucho desde entonces, con aportaciones de la escuela americana y francesa principalmente.

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En la práctica, podemos decir que es un proceso terapéutico que ayuda a los pacientes a entender y resolver sus problemas, al incrementar la consciencia de su mundo interno, y la influencia que éste tiene en sus relaciones pasadas y presentes. Se diferencia de la mayoría de las otras terapias en que apunta a un cambio más profundo y estable de la personalidad y el desarrollo emocional, porque lo que se encuentra dentro de las terapias a largo plazo.

La psicoterapia psicoanalítica apunta a ayudar a las personas a entender y cambiar sus complejos y problemas emocionales, que muchas veces son inconscientes, así como problemas de relación con los otros, reduciendo los síntomas y aliviando la incomodidad que éstos causan. Mucha gente que experimenta una pérdida de sentido en sus vidas o que están buscando un mayor sentido de satisfacción, puede verse beneficiada por la psicoterapia psicoanalítica.

A veces las personas buscan ayuda por razones específicas, tales como trastornos alimenticios, condiciones psicosomáticas, o ansiedades y fobias. En otros casos, la ayuda se busca por sentimientos subyacentes de ansiedad o depresión, dificultades para concentrarse, insatisfacción en el trabajo o inhabilidad para tener relaciones satisfactorias.

La psicoterapia psicoanalítica o psicodinámica da un tratamiento efectivo para una gran gama de problemas, tanto como tratamiento en sí mismo, o como un complemento a otros tipos de tratamiento. Puede contribuir significativamente al bienestar físico y mental, a la sensación de bienestar y a la habilidad de manejar la vida de manera más efectiva.

¿Cómo saber si es para ti? La psicoterapia psicoanalítica es elegida o no por una persona, dependiendo de un gran número de factores. A veces ayuda tener unas cuantas entrevistas para determinar si este es el tratamiento adecuado para una persona. Ocasionalmente, el tratamiento puede ser corto, pero de manera general se considera una terapia a largo plazo como había mencionado anteriormente, ya que apunta a influenciar las capas más profundas de la personalidad, a la fuente de aquello que perturba el pensamiento y el comportamiento, y esto involucra un gran compromiso por parte de paciente y analista. Muchas veces las personas se encuentran a sí mismas más libres para vivir la vida de manera completa, ser creativos en muchos aspectos, y ser capaces de relacionarse y cuidar mucho mejor de otros una vez que han hecho este tipo de terapia.

La relación con el terapeuta es un elemento crucial. El terapeuta ofrece un espacio confidencial y privado, que facilita el proceso en el cual los patrones inconscientes del mundo interno del paciente se ven reflejados en sus relaciones con el terapeuta, quien podría parecer menos social o tranquilizador que otros. Pide que trates de decir lo que tienes en mente, y permanece en sintonía y empático, pero también es más neutral, manteniendo sus emociones y reacciones privadas. Da un espacio para sentirte menos abrumado, en el que busca patrones y el significado de lo que se dice. Este proceso ayuda al paciente a identificar gradualmente los patrones por los que transita y, al volverse consciente de ellos, desarrollar la capacidad de entenderlos y cambiarlos.

La psicoterapia psicoanalítica es una experiencia única, de enorme y profundo crecimiento personal.