A la fregada los propósitos de año nuevo

Año Nuevo, vida nueva. A la fregada, vamos a romper de una vez por todas con estos cuentos. Estamos en la supuesta “mejor época del año”, cuando las masas se imponen en un movimiento de mejoramiento personal. Es la época de los propósitos de Año Nuevo, de las resoluciones, de pensar en manifestar las grandes metas, pero la verdad es que solo es cháchara, año tras año, los números son muy claros. Esta es de hecho la temporada de hacer promesas que no tienen significado alguno, y que 9 de cada 10 personas no vamos a lograr. Y yo soy la primera, cada año, me atraganto de uvas pensando en bajar de peso, hacer más ejercicio, tomar más agua, ahorrar, ser mejor mamá, ser más ordenada, usar menos el celular, estar en contacto… y podría seguir con una lista de propósitos que probablemente la mayoría de nosotros compartimos. Y cada año, estos pensamientos caen, como muertos en panteón, el 1 de enero, mientras me arrastro desde mi cama hacia la cocina para preparar el recalentado y tal vez hasta curarme la cruda. Y entonces… Otro año, otro fracaso. Es el primer día del año y no cumplí mis propósitos.

Para el 10 % de las personas que si llevan a cabo sus resoluciones de año nuevo a lo largo de todo el año, de verdad, felicidades. Pero pensando en la mayoría de la humanidad, tengo que decir que esta tendencia social y masiva de los propósitos y la superación personal impuesta no funciona.

La cosa es, que de verdad me gusta este botón de refresh que el calendario gregoriano nos regala de manera anual, y que ya hice las paces con la idea de que esto de “ser una nueva persona” no va a arrancar de manera exitosa el 1 de enero.

De hecho creo, que esta idea de la nueva persona, es una manera de sabotear nuestro éxito. Esta nueva persona, nunca va a existir, porque la persona que somos ahorita no se va a ir a ningún lado, no vamos a dejar de ser. Ésta vieja persona que soy ahora sabe que probablemente no voy a despertar el 1 de enero siendo súper ordenada, ni me voy a despertar volviéndome social de la noche a la mañana y a ponerme en contacto con todas las personas a las que amo. Porque el cambio verdadero no pasa de la noche a la mañana, así que no sé por qué tenemos esta idea de Año Nuevo, vida nueva, tan grabada en la cabeza.

Tener metas es maravilloso, pero hacer promesas vacías que solo no se llevan a cabo en un ciclo de “en sus marcas, listos, fuera”, nos hacen más daño que bien.

Y claro, nuestras mentes se motivan con la idea de alcanzar resultados, pero si ésta motivación no es auténtica y no va con nuestros deseos reales, las acciones que vamos a seguir no van a llevarnos a ningún lado. Lo único que los propósitos de Año Nuevo parecen crear es vergüenza, culpa y fracaso, una y otra vez. Y eso es una manera espantosa de empezar cada año.

A lo que quiero llegar es que, si encontramos la manera de dejar de presionarnos tanto a nosotros mismos para crear estos cambios grandiosos en nuestras vidas cada vez que el 31 de diciembre llega a la medianoche, podríamos hacerlo mejor. Lo que propongo es un propósito colectivo y nuevo: que todos bajemos la expectativa que tenemos de nosotros mismos en esos minutos. ¿Se imaginan un Año Nuevo que puedan disfrutar exactamente como son ahorita? ¿Sin estarse presionando por convertirse en algo que no son? Es como la carroza de cenicienta, vivimos asustados de darnos cuenta de que somos calabazas, y no un carruaje brillante y lujoso.

En serio, a la fregada esto de ser alguien nuevo. Es momento de que seas tú.

Deja de pensar en que te vas a inscribir al gimnasio mañana, que vas a meditar todos los días, que solo vas a comer lechuga, qué vas a ser la nueva Mary Kondo.

Está bien tratar de mejorar, pero no tratar de ser una persona que no eres tú. Por eso, a la fregada los propósitos de Año Nuevo de una vez por todas.

A mi me parece una idea fantástica, súper alegre. En lugar de dejar que una idea de transformación monumental me de en la cabeza como un martillo cuando en enero vea que no es posible, prefiero hacer un compromiso para evolucionar todos los días.

La diferencia entre ser una nueva persona, y está vieja persona que soy ahora, está en las pequeñas acciones que tomo todos los días, no en propósitos artificiales e impuestos que hago porque se supone que cuando den las 12 tengo que brincar de la mesa y tragarme 12 uvas al ritmo de campanas ajenas que no corresponden con mis deseos.

Y entonces es momento de elegir: acciones auténticas y comprometidas o un síndrome de automejora impuesto en un día del año. La verdad prefiero el compromiso conmigo misma.

Que tu propósito sea evolucionar, no comer más sano, hacer ejercicio, tomar más agua, esas son metas impuestas. Y cuelgan sobre nosotros como un muérdago inalcanzable. Pero desde que decidí guardar las resoluciones de Año Nuevo y mejor evolucionar todos los días, he logrado mucho más de lo que alguna vez pensé que podría lograr. Como mucho más verdura, deje el azúcar, y en los últimos meses, la Coca-Cola. Hago mucho más ejercicio que cuando tenía 20 años, he conectado más con mi familia, y cuidado más mi salud. Estoy siguiendo la profesión que me apasiona con mucho menos miedo, estudio como loca y hago crecer mi mente. Tengo cosas que agradecer todos los días, duermo un poco más, ya no bebo.

Liberarme de los propósitos de Año Nuevo me ha dado un espacio, un tiempo, y una presencia para las acciones diarias, y estos pequeños cambios son los que me han permitido romper con mis viejos patrones y crear hábitos nuevos. Mis logros son mucho más tangibles, tengo metas pequeñas con las que puedo jugar y así deshacerme un poquito cada día de la culpa, y construir un estilo de vida más sostenible. Y lo he logrado con esas acciones pequeñas. Sí tengo metas grandes, pero no estoy obsesionada con ellas, mejor me enfoco en las tareas chiquitas. Trato de motivarme con mi propio progreso, con mi propio proceso. Sigo siendo yo, la vieja yo, solo probando cosas nuevas, maneras nuevas, días nuevos.

Y así, si me emociona iniciar el Año Nuevo, justo como soy hoy, disfrutando el momento y lo que tengo. Adiós culpa, hola felicidad.

Y con esto espero ser un cachito más feliz.

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