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Engancharse en el dolor… o dejarlo fluir.

El dolor es uno de los grandes maestros en la vida, pero es importantísimo moverse a través de él y no atorarse ahí.

El dolor viene y va. Es sólo uno de los muchos componentes del gran ciclo de la vida. Y cuando lo vivimos como tal, el dolor puede servirnos como un gran maestro. Es cuando nos enganchamos en el dolor cuando se vuelve perjudicial para nuestro bienestar y desarrollo. Si empiezas a notar que te sientes cerrado, resentido, con el corazón pesado, o que tratas con todo de evitar que te lastimen otra vez, tal vez haya una parte de ti que está atorada en el dolor. Tener el dolor como compañero de vida puede hacer que te pierdas de muchas experiencias, y no solo hablo de las grandes experiencias de la vida, incluso de las cosas cotidianas como el disfrute de una charla o de una canción.

Podemos engancharnos en el dolor por muchas razones. De niños, nos es natural llorar, hacer un berrinche, y dejar que la experiencia nos mueva hacia adelante. Al dejarnos sentir nuestro dolor del todo de esta manera, nuestras emociones nos limpian, dejándonos abiertos y disponibles para nuevas experiencias. Sin embargo, con la edad, hemos ido aprendiendo como la expresión total de nuestras emociones ya no es apropiada, así que desarrollamos una variedad de estrategias para hacerle frente a nuestra incomodidad. Pudimos haber aprendido a enterrar nuestras emociones o a huir de ellas. Tal vez empezamos a pensar que al cerrarnos y no tratar cosas nuevas, estaríamos a salvo de sentirnos con el corazón roto, a salvo del rechazo, y a salvo del fracaso. Incluso tal vez nos acostumbramos a estar sufriendo, tanto, que nos da miedo estar sin sufrir, porque qué haríamos sin eso que nos ocupa tanto la mente. Pero, si seguimos aferrados al dolor más tiempo del necesario, estamos gastando mucha energía que podría ser canalizada en hacer nuestra experiencia en la vida más positiva.

Si estas conectado de manera continua con estos patrones de dolor ya tan conocidos, considera abrirte a conectar de manera consciente con ellos y dejarte sentir el dolor para después dejarlo ir. Ya sea un dolor de la infancia o de algo que te pasó la semana pasada, ve si puedes darle lugar para elaborarlo y luego dejarlo fluir. Cuando esto pase, vas a poder reconectar con la energía de vida que necesitas para ser feliz.

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Rompiendo ciclos familiares

Romper los patrones familiares puede ser la labor más importante que hagas… y la más desafiante.

Es fácil creer que al salir de nuestra casa de la infancia y embarcarnos en la aventura de la vida adulta, nos hemos salido también de los patrones familiares dañinos. Sin embargo, al mirarnos de cerca a nosotros mismos, podemos descubrir que nuestros comportamientos y creencias son, todavía, esos que nos impusieron nuestros padres durante nuestra juventud, o nuestros abuelos, o tíos… o esas generaciones por arriba de nosotros que nos criaron. No importa quién haya sido, todos cargamos con creencias que nos han heredado. Podemos encontrar que estamos perpetuando ciclos de generaciones previas de manera inconsciente, como por ejemplo, el miedo a tener lo suficiente, no mostrar afecto, guardar secretos.

Y sin embargo, se puede evitar la transmisión de esos patrones negativos de una generación a otra. Es posible convertirnos en el punto final en el cual los ciclos familiares negativos se ven extintos y acabar con su influencia. Romper con el patrón es cuestión de superar los valores impresos en nosotros hace mucho tiempo y reemplazarlos con amor, tolerancia y conocimiento consciente.

Aunque hayas lidiado con los efectos acumulativos de los ciclos familiares que fueron la expresión de estilos de vida establecidos y un reflejo de la lucha que tus ancestros fueron forzados a aguantar, tú puedes liberarte de los efectos de tu historia familiar. La voluntad que tienes para despojarte de estas viejas y oscuras formas de energía y avanzar hacia adelante a una nueva y amorosa energía, pueden convertirse en una forma de Epifanía. Un día tal vez simplemente te des cuenta de que ciertos aspectos de tu vida temprana tienen un efecto negativo en tu salud, tu felicidad y tu habilidad para evolucionar como individuo. O puede ser que te des cuenta de que para poder trascender estos antiguos patrones y creencias limitantes, comportamiento irracional y emociones artificiales, tienes que cuestionar tus valores y examinar a profundidad cómo tu familia ha impactado en tu personalidad. Sólo cuando entiendas como los ciclos familiares han influenciado tu vida, podrás liberarte de esos ciclos.

Para poder cambiar de verdad, tienes que darte permiso de cambiar. Romper los patrones familiares no es un acto de rebeldía o traición. Es importante que confíes en ti de manera implícita al determinar qué comportamientos y creencias son los que te ayudarán a reescribir el sistema de valores generacionalmente impuesto que limita tu potencial individual.

Al romper tus ciclos familiares negativos, descubrirás que tu habilidad para expresar tus emociones y necesidades crecerá exponencialmente y que te embarcarás en un viaje que te llevará a tener un mayor bienestar que puede impactarte no sólo a ti, sino a quienes vienen detrás de ti,

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Encuentra el equilibrio con tu pareja

En las relaciones a largo plazo es necesario regresar a los básicos de manera regular, para encontrar juntos el equilibrio nuevamente.

Cualquier persona que ha estado en una relación a largo plazo, sabe que hay épocas en las que hay mucha cercanía, armonía, intimidad… y otras en las que se abre una brecha, las cosas parecen no fluir y pareciera perderse lo que nos une. Al principio de la relación, hay una intensa intimidad, necesaria para dar las bases para una relación a largo plazo. Es como los niños, los cachorros o las plantas pequeñas… simplemente al inicio, se necesitan más cuidados y atención para dar fuerza para el desarrollo de la vida. Las relaciones de pareja son lo mismo, es ese inicio el que da la fuerza, la base, para que pueda desarrollarse.

Una vez pasado ese tiempo, cuando la relación parece más segura, es natural que los miembros de la pareja empiecen a poner atención en el mundo otra vez, a salir con amigos, hacer actividades solos, pasar tiempo con la familia. Esto es natural, incluso sano. Sin embargo, para que una relación a largo plazo funcione, regresar el uno al otro de manera periódica con esa intensidad inicial, curiosidad, atención y ganas de nutrir el vínculo, es esencial.

En el mundo actual, ocupado y demandante, lleno de obligaciones y oportunidades, es fácil perder de vista nuestras relaciones más importantes, pensando que se van a conservar intactas. Siempre suena bien cuando pensamos en sorprender a nuestra pareja o acordar citas semanales, pero la mayoría de las veces, la vida no nos deja. Y nos consolamos pensando que el amor que sentimos es suficiente para que la relación sobreviva sin atención. Pero incluso el hijo adulto más independiente necesita hablar con sus padres de vez en cuando, el perro mejor educado necesita cuidados, y el árbol más grande y fuerte necesita agua para prosperar.

Una de las mejores maneras de nutrir nuestra relación de pareja es la comunicación. Si sientes que ha crecido la distancia entre tú y tu pareja, tal vez puedas construir un puente entre ustedes hablando de cómo te sientes. En la medida de lo posible, deja de lado la culpa y el resentimiento. Enfócate en lo positivo, en que quieres construir ese puente, en que quieres acercarte a tu pareja y recuperar la cercanía. Algunas veces, el hecho de reconocer que hay una distancia, ayuda a dar balance de nuevo a la relación. Otras veces, se necesita mayor esfuerzo y atención. Tal vez hacerse un tiempo para hablar y encontrar una solución juntos. Recuerden ser compasivos uno con el otro. Están en el mismo barco, tratando de encontrar un equilibrio entre la distancia y la cercanía, para mantener su relación sana y próspera. Si no pueden solos, busquen ayuda. Expresen fe y confianza uno en el otro, y disfruten el vaivén y la lenta danza que puede haber entre ustedes.

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Deja de odiarte

Ha habido periodos en mi vida en los que me he odiado a mi misma. Sólo de verme en el espejo cruzaban 87 pensamientos negativos, y de ver una foto podía encontrarme 18 defectos solo de los hombros para arriba. Y no sólo era la parte física, odiaba mi mente, mis miedos, mis sentimientos, y mis pensamientos. Mi corazón estaba lleno de críticas y juicios, era como ser bulleada por la niña más cruel de la escuela pero sin descansar en las tardes o los fines de semana. Yo era mi peor bully.

El autodesprecio… un lugar del que no hablamos de manera sincera tanto como se necesita y del que se piensa que es imposible salir, como si fuera nuestro karma.

Estamos viviendo un momento en el que estamos rodeados de frases de moda de auto cuidado y amor a uno mismo, yo misma lo hago, diario las pienso, las pongo en una imagen bonita y las comparto… pero… P-E-R-O… ¿sirve? ¿alguien se siente más seguro de si mismo o más feliz? Algunas personas tal vez si, otras tal vez alcancen a pensar en si mismos diferente (por lo menos un ratito), tal vez alguien busque ayuda a partir de eso… El problema es que al hablar de auto cuidado y amor a uno mismo no es suficiente, incluso algunas de las cosas que pretendemos como auto cuidado pueden llevarnos a pensar incluso peor de nosotros mismos cuando no están alimentadas de sinceridad e integridad.

Ser tu propio amigo es más que consentirte con indulgencias o lavarte el coco tú solito. Cuando somos amigos de nosotros mismos, podemos disfrutar no tener plan el viernes en la noche y andar sin maquillaje el domingo. Significa que te sientes cómodo de quedarte en casa sin la necesidad de ver Netflix todo el día mientras te comes un bote de helado, o sentirte de la misma manera, cómodo, saliendo si tienes ganas.

Es porque nos gustamos a nosotros mismos. Disfrutamos de nuestra propia compañía.

Significa pasar menos tiempo justificando nuestras decisiones, porque tenemos más seguridad en lo que queremos. No tenemos que saturar nuestra agenda con compromisos sociales o eventos del trabajo para sentirnos importantes.

Y, significa que no necesitamos estarnos reasegurando a nosotros mismos constantemente con frases que a veces ni siquiera nos llenan de manera genuina. Significa que no necesitamos depender de otras personas para que nos validen. Significa que no necesitamos darle gusto a todo el mundo para abrirnos paso en nuestras relaciones.

Hace unos años, empecé el viaje más importante de mi vida: conocerme… con la esperanza de dejar atrás a la bully que era para mi misma.

Algunas de las cosas más importantes que hice:

Invertí tiempo

Cuando queremos conocer gente, salimos. Cuando buscamos pareja, vamos a varias citas. Si vamos a ver a alguien cercano a nuestro corazón que vive lejos, nos enganchamos en conversaciones de calidad.

Sabemos que llegar a conocer a una persona toma tiempo, y elegimos invertirlo. Salimos, probamos cosas nuevas, y compartimos nuestros lugares y cosas favoritos. Abrimos una parte de nosotros mismos para que nos puedan conocer.

¿Y si eligiéramos invertir tiempo en nosotros mismos de esta manera?

Ve a ver la película que quieres ver, o come en un lugar que llevas un rato queriendo probar, busca tu lugar favorito para ver el atardecer, ve a terapia por gusto, no sólo cuando lo necesitas desesperadamente, haz tiempo para encontrar un hobby que te llene, sal sin tu teléfono, escucha tus pensamientos mientras haces quehaceres, siéntate en tu silla favorita 10 minutos, solo porque es tu silla favorita y la quieres disfrutar.

Para conocernos, tenemos que pasar tiempo con nosotros mismos, escuchar nuestros pensamientos y poner atención. Cuando nos tratamos a nosotros mismos con calidad, en lugar de indiferencia, nos damos la oportunidad de ver lo que somos.

Puse atención a mi lengua y mande a la goma las mentiras

Lo que nos decimos a nosotros mismo, y lo que decimos de nosotros mismos, importa.

Imagina estos tres tipos de amistades: el que te sigue todo el día para decirte cosas negativas y criticarte; el amigo que te miente constantemente y se justifica para mentir; el amigo positivo y lleno de energía al punto de la locura.

Uff. Ninguna de estas amistades son sanas. Probablemente no conservaríamos a ninguno de estos amigos en la vida real.

En las amistades genuinas, alentamos y animamos a nuestros amigos. Les damos el beneficio de la duda. Somos honestos. Vemos más allá de sus defectos y elegimos sus cosas buenas. Compartimos lo bueno y lo malo, emociones y experiencias, para apoyarnos.

Deberíamos tratarnos a nosotros mismos igual.

Dejé de esperar que TODOS me aceptaran (y me quisieran)

Cuando empecé a pasar más tiempo sola, me di cuenta de lo mucho que había aprendido a depender de la validación externa. Pero sentada en mi mecedora al final del día, yo sola, no podía esconder mis pensamientos o mi personalidad en conversaciones agradables, bromas o tratando de darle gusto a alguien más. Bajándole un poco a las redes sociales, tuve menos likes y validación instantánea. Con estas muletas sosteniéndome, aprendí que la aceptación de los otros no es un fundamento sólido para una persona.

Simplemente no lo es. No como adulto.

Nadie puede querernos lo suficiente como para que nos queramos sólo por eso. No hay cumplidos, invitaciones o porras digitales que alguien pueda echarte suficientes para que nuestro cerebro deje de creer lo que nosotros mismos le decimos.

Incluso si fuera posible, no podemos depender de ellos las 24 horas del día para darnos un suministro de confianza al cual recurrir un miércoles cualquiera a las 7:30 cuando entremos en crisis. Sería pedir demasiado.

Vivimos en nuestro propio cuerpo. Ocupamos nuestra propia mente. Somos los mejores candidatos para conocernos a nosotros mismos y ser nuestros mejores amigos. Somos responsables de sentirnos bien en nuestra propia piel y con respecto a nosotros mismos.

Evité la evitación… y dejé todas las distracciones

En nuestro camino a conocernos a nosotros mismos, en algún momento tendremos que enfrentar lo difícil.

Esos defectos que nos hacen corto circuito y nos ponen fuchi. Los errores que nos parecen imperdonables. Los pensamientos que sabemos que no son sanos pero que no hemos podido mejorar.

Puede ser incómodo, y dar mucho trabajo. Habrá momentos difíciles y días en los que tendremos que enfrentarnos a cosas de nosotros mismos que no nos gustan.

Puede ser un lunar. Una ceja chueca. Algo que dijiste en la junta de la 1:00 y que te hizo sentir mal. Los pensamientos oscuros que tienes de ti mismo.

Nuestros demonios no se van a ir solos, tenemos que enfrentarlos. Sin excusas. Sin evitaciones. Sin distracciones.

Es como enfrentarte al Coco, a ese que se esconde en tu closet y que has estado evitando por meses, viéndolo a los ojos y decirle “ya te vi, y me das miedo, pero estoy lista para enfrentarte y aceptar que estas en el closet de mi cuarto”.

Claro que en la vida real sonaría más a algo así como “Dije una tontería. Siempre me apanico con X persona y me pasó hoy otra vez, pero ya pasó y puedo intentarlo de nuevo después”.

Tal vez el lunar todavía exista, la ceja nunca se enderece y digamos tonterías muchas veces más… pero nuestra conversación mental con respecto a esos temas puede cambiar.

Enfréntalo. Escucha tus juicios. Experimenta tu reacción emocional. Y enfréntalo más. Da un paso atrás y observa el panorama más grande. Cuando enfrentamos a nuestros demonios, empezamos a transformar nuestra relación con nosotros mismos.

Y no tenemos que seguir teniéndoles miedo.

Decidí ya no aceptar el bullying

No hay virtud en el autodesprecio. Odiarnos a nosotros mismos no es humildad. Es bullying.

Con tantas cosas bonitas, divertidas, interesantes e importantes que hacer en este mundo, no deberíamos desperdiciar el tiempo en la vorágine del autodesprecio. Podemos decidir que ya no vamos a aceptar ser bulleados.

En algún punto, debemos aceptar la responsabilidad que tenemos de cultivar la amistad con nosotros mismos y rechazar el bullying que nos hacemos. Nadie puede hacer eso por nosotros. Es una labor propia.

Toma tiempo, y cuesta trabajo. No siempre lo hacemos bien y no nos vamos a convertir en nuestro mejor amigo de manera automática.

Pero, con un poco de paciencia, un poco de atención, un poco de armonía, podemos aprender a ver nuestras fortalezas y nuestro progreso, en lugar de nuestros errores y defectos. Podremos disfrutar nuestras decisiones y logros, en lugar de vivir en la comparación con los demás. Podemos sentirnos completos y disfrutar quienes somos… como somos.

Tener paz… se siente bien.

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Juicio u Opinión

El juicio nos cierra y es la última palabra, la opinión nos deja el corazón abierto y dispuestos al cambio.

La mayoría de nosotros entendemos que cuando juzgamos a alguien, o alguien nos juzga, es una experiencia emocional negativa. Como resultado, naturalmente queremos evitar ser críticos, pero esto se vuelve confuso cuando sentimos que debemos reprimir los pensamientos que podrían estar, de hecho, dándonos una guía. Por ejemplo, podríamos conocer a una nueva persona y tratar de reprimir un sentimiento negativo acerca de ella, pensando que no queremos caer en la trampa del juicio o la crítica. Aunque más tarde, podría resultar que haber prestado más atención a ese pensamiento, habría ayudado, a nosotros o a alguien más, a cuidarse.

Es importante aprender a distinguir una corazonada u opinión, del juicio, o corremos el resigo de no escuchar nuestra intuición y no permitirnos tener opiniones. Tanto la guía interior como las opiniones nos ayudan a interactuar de una manera más inteligente con el mundo, así que no deberíamos descartarlas por evitar ser críticos. Nuestra intuición normalmente llega de golpe, como un flashazo, y a veces tiene algún componente físico, como una sensación en el estómago, sudor en las manos o un escalofrío. Cuando usamos esta información para ayudarnos a sobrellevar una situación, nos vemos beneficiados. De manera similar, tener una opinión acerca de una persona o una idea nos permite conversar acerca de ello de manera centrada y con intención. Escuchar tu intuición y formarte una opinión son resultados positivos de nuestra habilidad para interpretar la información que llega a nuestra vida.

En cambio, cuando hacemos un juicio, tratamos de tener la última palabra sobre si algo o alguien es bueno o malo. Los juicios o críticas nos cierran en lugar de abrirnos. Las opiniones tienen una cualidad mucho más ligera, y son sujetas a cambio. Una vez que establecimos un juicio no hay espacio a conversar o a consideraciones, mientras que las opiniones nos invitan a poder debatir y platicar. La intuición nos da una guía momento a momento, pero, a diferencia del juicio, no da un decreto final. En otras palabras, es muy sano, e importante, estar abiertos a la información que recibimos y permitirnos procesar esa información. Mientras nos mantengamos abiertos y fluidos, podemos confiar en que no hemos caído en la trampa del juicio.

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Cómo dejar de procrastinar, mentirnos a nosotros mismos, y meternos solos el pie.

Ahhh… la motivación: El enigma más grande de todos.

¿Qué nos motiva, y que nos ayuda a mantener ese sentimiento?

Me he preguntado muchas veces qué es lo que da empuje, lo que motiva, el antes y el después de cualquier tipo de éxito. Es muy fácil sentirse emocionado frente a una nueva idea o un nuevo plan y empezarlo si estamos realmente entusiasmados y listos.

Piensa, por ejemplo, cuando empiezas una nueva dieta o programa de ejercicios, o en la explosión de energía que exudas cuando te quieres volver organizado. Deseamos el resultado final, pero ser capaces de mantener esa emoción, la motivación para llegar ahí, es harina de otro costal.

¿Cómo hacerle para mantener la motivación para alcanzar a ver las cosas completadas? Y una vez que llegamos a la meta, ¿cómo nos mantenemos motivados para mantener esos gloriosos resultados de nuestros esfuerzos?

La respuesta tiene que ver con las acciones, antes y después.

El “antes” de la acción es fácil, vemos algo y lo queremos.

Por ejemplo, vemos la imagen de una persona atlética, y podemos pensar “yo me quiero ver así” y ¡pum! el deseo de cambiar está ahí. Cualquier día, podemos tener muchas mini inspiraciones, por ejemplo, “desde hoy, voy a llegar a tiempo”, o “voy a limpiar mi casa dos veces a la semana sin falla”, o “voy a hacer ejercicio todos los días”.

Siempre es muy fácil hacer este tipo de declaraciones. A veces, la motivación viene simplemente de un deseo, o de tener un sueño que puede ser llevado a cabo. Cuando creemos desde el corazón que una meta es alcanzable, nos ponemos en acción y alimentamos esa meta. Pero, la meta debe ser realmente importante. Es difícil que tomemos acción para alcanzar algo que no es tan importante para nosotros.

La parte del “después”, mantenernos motivados, viene de la expectativa.

Con la pérdida de peso y el ejercicio (por ejemplo), mantener la motivación viene de la añoranza, y constantemente recordarnos cómo nos sentíamos en algún momento antes de haber cambiado, o de imaginar cómo nos vamos a sentir. Mantenernos en el peso una vez que lo alcanzamos debe ser mucho más importante que cualquier incomodidad o molestia pasajera que sintamos cuando no podemos tener eso que queremos (una rebanada extra de pastel o pizza, por ejemplo). Si pretendemos mantener ese peso extra fuera de nuestra vida, no podemos acostarnos en el sillón a ver la tele todos los días. Siempre se va a requerir acción.

¿Cómo nos autosaboteamos?

Procrastinamos y mentimos.

El cambio no es fácil porque tenemos que perder algo para poder cambiar. No podemos mantenernos en nuestra zona de confort y esperar que nuestras metas se manifiesten mágicamente.

Pero las buenas noticias es que siempre es menos lo que perdemos de lo que nos imaginábamos. Pensemos por ejemplo en los malos hábitos.

Alguien que está tratando de dejar de fumar tiene que hacerse a la idea de que no va a tener su break de cinco minutos para el cigarrito cada hora – gran parte del proceso de dejar un mal hábito es la renuncia emocional, no solo la física. Un cambio saludable nunca es divertido si lo seguimos aplazando, y seguimos mintiéndonos inventando razones por las que nos es imposible hacerlo. Decimos cosas como “el próximo año” o “mañana” o el famoso “el lunes empiezo”, incluso cosas más trascendentes como “cuando las cosas estén más tranquilas en el trabajo” o “simplemente es muy difícil para mí”.

La motivación tiene mucho que ver con ser capaces de visualizar cómo nos vamos a sentir cuando finalicemos, cuando vamos haciendo los cambios necesarios. No podemos esperar a que llegue la motivación, necesitamos actuar, aunque sea de una manera mínima. La motivación continua muy frecuentemente se alimenta de los resultados. Y no vamos a tener resultados si no estamos actuando.

Primero, haz algo pequeño.

Los pequeños cambios van construyendo el camino para los cambios más grandes.

Antes de dominar un cambio enorme, deberíamos de tratar con algo más chico. Tal vez queremos tomar menos azúcar en el café, una cucharadita en lugar de dos. Tal vez podemos intentar eso durante tres semanas. Después de tres semanas, tal vez ya no se nos antoje esa segunda cucharadita.

Tal vez queremos contar hasta 10 antes de gritarle a nuestros hijos. Tal vez queremos lavar toda la ropa los domingos por la mañana. Tal vez queremos escribir de manera constante o hacer contacto con un cliente potencial al día.

Nuestra habilidad para tomar acción para lograr los grandes cambios, se vuelve más posible y probable cuando vamos acumulando pequeños éxitos.

Recuerda que un poco de decepción es inevitable. Vamos a experimentar el fracaso. Pero el fracaso es una oportunidad para darle un giro a nuestras acciones. Lo que hacemos con la decepción puede marcar la diferencia entre lograr nuestras metas o no.

Algunos de nosotros renunciamos cuando no vemos resultados. Detestamos la lucha diaria que muchas veces es necesaria para avanzar. No hay una manera directa o inmediata de llegar al éxito, para muchos, la búsqueda ni siquiera empieza.

Es bueno recordar que la fortuna favorece a los valientes, y que la acción por sí misma va a hacer camino.

Uso mucho la frase “ay ya supéralo”… me he tenido que decir a mi misma “No me gusta, no estoy cómoda, no lo quiero hacer, pero ya, lo voy a superar y aún así lo voy a hacer”, y en esos momentos, cuando tomo acción, a pesar de mis sentimientos, termino sintiéndome feliz de haberlo hecho, y motivada por mis decisiones positivas de cara a mis emociones negativas.

Ojo, esto es en acciones que me lleven a mis metas, no para hacer cosas dañinas para mi.

Decide qué es lo que importa y que tú importas.

La atención y el esfuerzo forman parte de la ecuación de la motivación.

Debemos estar dispuestos a sacrificar tiempo de otras áreas de nuestras vidas para darle a nuestra meta la atención y el esfuerzo que necesita.

Con el ejercicio, normalmente me encuentro satisfecha una vez que terminé. No estoy tan feliz durante la primera media hora, pero un poco después, empiezo a sentir motivación. Mi motivación me mantiene haciendo ejercicio, una vez que ya lo estoy haciendo, no antes de empezar.

Ahora, no todos los días son buenos. Vamos a tener nuestros “momentos humanos”, esos en los que queremos renunciar, en estos momentos es importante respirar, superarlo, y simplemente, empezar otra vez. Lento y constante. Nada que valga la pena tener o hacer viene masticadito y en la boca o sin obstáculos.

La motivación se trata de decidir lo que realmente es importante para nosotros, y que lo valemos. Somos lo suficientemente importantes como para hacer cambios. Se trata de vivir nuestra vida al máximo potencial, y amarnos lo suficiente como para hacer el trabajo necesario para poder disfrutar al máximo esta maravillosa vida que es nuestra.

Se trata de dejar ir la “esperanza” y aferrarnos a la acción. Acción, no esperanza, es lo que hace la diferencia.

Si lo ves así, capturar y mantener la motivación es un rompecabezas completo.

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Cultivando resiliencia

¿Porqué algunas personas evolucionan a lo largo de sus vidas y otras permanecen atoradas en el mismo lugar?

Creo que tiene que ver con la resiliencia.

Una manera de pensar la resiliencia es la habilidad de volverse fuerte, sano o exitoso después de que algo malo pasa.

El problema, y la ventaja, es que no nacemos con una dosis fija de resiliencia, sino que es algo que vamos construyendo y trabajando a lo largo de nuestra vida. Es cómo un músculo que podemos descubrir y moldear para llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos. ¿Y cómo?

Hay varias maneras de cultivar la resiliencia a lo largo de la vida.

Construye gratitud: ser capaz de agradecer y apreciar es clave para la resiliencia. Las personas que se toman el tiempo para pensar en lo que agradecen son más felices y más sanas. La gratitud se alimenta a sí misma. Podemos agradecer que tenemos un techo o a nuestra familia y amigos, podemos agradecer como el mundo gira alrededor del sol y sus rayos nos besan la piel todos los días, podemos agradecer un árbol que nos da sombra, o agradecer cada vez que sentimos nuestro propio aliento sobre la piel. Entre más practiquemos este “notar las cosas buenas” en nuestra vida, más fácil va a ser encontrar los beneficios y las cosas buenas en los tiempos difíciles.

Ten sentido del humor: convertir los momentos difíciles en momentos graciosos se traduce en más risas y al mismo tiempo más luz en los momentos oscuros.

No te anestesies: todos tenemos escapes, a veces comemos, a veces tomamos, vemos la televisión o nos vamos de compras. Esto raya cerca de la adicción y es contraproducente para desarrollar la resiliencia. Cuando estamos cerca de estas adicciones, le damos energía a nuestra poca capacidad para lidiar con la vida, en lugar de alimentar nuestra resiliencia. Hacer consciencia de nuestras tendencias a anestesiarnos puede prevenir que nos clavemos en eso más adelante.

Pide ayuda: parte de ser fuerte es saber que a veces necesitamos ayuda. Hacernos al hábito de pedir ayuda, desde encontrar un terapeuta hasta decirle a tu pareja que te gustaría que te ayude a doblar la ropa, puede interrumpir el pensamiento que constantemente nos dice que tenemos que hacer todos solos. La habilidad de recibir ayuda es crucial para construir un bloque de resiliencia.

Encuentra el propósito: en algunos sentidos, el sufrimiento cesa de ser sufrimiento en el momento en el que le encontramos un significado, algunas personas encuentran sentido después de que les pasa una tragedia, o después de ayudar a alguien que está atravesando por una, algunos hacen arte, otros escriben libros, otros dan pláticas. La práctica de encontrar pequeños destellos de bondad puede ayudar a sobrevivir lo impensable.

Tomarte el tiempo para cultivar la resiliencia trae esperanza en nuestras vidas, ya sea para enfrentar el estrés de cada día, o los grandes retos de la vida.

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El duelo en la danza de la vida

El duelo puede darse a partir de muchas situaciones en la vida, pero debes saber que no es un estado permanente de vida.

Cuando experimentamos cualquier tipo de devastadora pérdida, ya sea la muerte de alguien que amamos, un sueño que tenemos, o una relación, los sentimientos que surgen dentro de nosotros pueden ser abrumadores o muy difíciles de afrontar. Esta sensación de duelo puede también emerger cuando nos separamos de alguien o algo que hemos bienvenido en nuestras vidas. Y aunque puede sentirse como si estuviéramos atrapados en una espiral de tristeza y vacío sin final, es importante recordar que el duelo que sentimos no es un estado permanente de vida, más bien, el duelo es parte del proceso de dejar ir, y puede, en muchos sentidos, ser un regalo, permitiéndonos ir más profundo dentro de nosotros mismos y redescubrir la luz en medio de esta terrible oscuridad.

Las emociones que acompañan cualquier tipo de pérdida pueden ser muy intensas y variadas. Un sentimiento de shock o negación es muy frecuentemente la primera reacción, que pronto se ve reemplazada por un enojo profundo. A veces, este enojo puede ser dirigido a la persona que “nos abandonó”, en otras ocasiones, puede ser una especie de indignación hacia el universo, que te hace pasar eso que estás enfrentando. Y aunque hay etapas de duelo por las que todos pasamos, de la negación al enojo, de la tristeza a la aceptación, las etapas del duelo muchas veces son como espirales, que a veces van moviéndose hacia adelante, y otras veces, hacia atrás. Se pueden incluso experimentar momentos de fuerza, de fe, y risa en medio de todo esto. Y aunque estas emociones parece ir y venir esporádicamente, es importante sentirlas, aceptarlas, y permitirles fluir. Con tiempo, paciencia y compasión, vas a encontrar, eventualmente, tu centro otra vez.

Mientras avanzamos en el duelo, nos podemos encontrar a nosotros mismos con resistencia a soltar el dolor, por miedo a dejar ir eso que perdimos. Podemos incluso interpretar nuestro avance hacia la sanación como un acto de traición o como si nos estuviéramos dando por vencidos. Debes saber que aunque el dolor se empiece a desvanecer, la esencia de lo que tenías y a quién amabas, ya te transformó y va a estar para siempre contigo. Si acaso, una vez que estés listo para que el dolor de la pérdida disminuya, los recuerdos pueden cobrar más vida dentro de ti. Recuerda que sanar es una parte de los ciclos del duelo, y que al permitirte sentirte restaurado de nuevo, te estás rindiendo a un movimiento natural que es parte de la danza de la vida.