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El sol dentro de ti

El poder que tiene el sol para dar vigor y relajar el cuerpo, la mente y el alma, es innegable. En estos meses en los que se acerca el invierno, podemos llegar a extrañar la belleza del sol. Pero es importante recordar que incluso en estos días que son un poco más cortos, un poco más fríos, con menos sol, pueden ser tan bellos como siempre. Sólo porque el sol esté escondido atrás de las nubes o se ponga más temprano, no significa que no podamos acceder a su poder, belleza y calidez.

Una manera de hacer esto es encontrar un espacio cálido en tu casa donde puedas sentarte o recostarte en paz. Cierra tus ojos, y permite que tu aliento entre y salga fácil, alargando progresivamente cada inhalación y exhalación hasta que te sientas muy relajado, en paz y cálido. Imaginamos que es un cálido día de verano y que el sol brilla sobre nosotros, y dejamos su calor entrar en nuestro cuerpo. Podemos incluso imaginar que un pequeño sol ha tomado como hogar nuestro corazón, sin pensarlo mucho, solo dándonos el tiempo de experimentar esta sensación, permitiendo a nuestro corazón irradiar calor desde dentro de nuestro cuerpo.

Puedes hacer esto cada noche, o al principio del día, dándote la oportunidad de conectar con una gran fuente de energía. Mantener al sol dentro de ti cuando puede fallarte en el exterior, es una gran manera de saludar al sol y dejarlo calentar tu alma.

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4 tips para bajar la ansiedad

La vida puede ser estresante, llena de compañeros de trabajo intolerantes, conductores imprudentes y miles de distracciones persistentes que muchas veces parecen llevarse más de las 24 horas con las que contamos en un día. Mientras estas frustraciones y preocupaciones parecen resbalársele a algunas personas, otras tienden a acumular tensión mental a pesar de tratar de relajarse.

La constante ansiedad mental puede hacer miserable (muy fácilmente) la vida de una persona. Cuando es poca, la ansiedad nos puede ayudar a enfocarnos y enfrentar retos de manera efectiva, pero si persiste por mucho tiempo, puede convertirse en depresión, llevarnos a tener ataques de pánico e incluso tener serias repercusiones a nivel físico.

La buena noticia es que algunos hábitos y ejercicios, que cualquier persona puede hacer, ayudan a bajar un poco la ansiedad o incluso a eliminarla. Si frecuentemente te sientes nervioso, tienes dificultad para concentrarte y tiendes a esperar lo peor de cada situación, puedes aprender unos trucos diseñados para ayudarte a relajarte, puedes, en general, mejorar tu felicidad.

Dedica todos los días un rato a reflexionar

Entre el trabajo, cuidar a la familia y todas las distracciones que la vida moderna conlleva, muy frecuentemente dejamos de lado el pensar en lo que queremos de la vida y hacia dónde estamos yendo. Apartar un ratito cada día, que sea específicamente para observar tus circunstancias y cómo te sientes con respecto a ellas, puede ser una gran manera de tener más claridad en tus emociones y lo que puedes hacer con ellas.

Llevar un diario acerca de lo que te pasa por la mente no sólo es una gran manera de manejar tu estado mental, sino que te permite echar un vistazo a las semanas o meses anteriores para descubrir si hay temas recurrentes que te preocupen. Otras opciones son meditar o simplemente tomar unos minutos antes de dormir para revisar los eventos importantes del día.

 

Inscríbete a un gimnasio o compra unos tenis para correr

Como cada vez más gente aprende, el ejercicio regular baja tu presión arterial en más de un sentido. Además de los beneficios a tu salud y de hacerte sentir con más energía, incluso cantidades moderadas de actividad física pueden contribuir de gran manera a mejorar tu salud mental, incluyendo sentir menos ansiedad. El ejericio también mejora tu ciclo de sueño, mejora tu memoria y reduce el riesgo de padecer varias enfermedades crónicas.

 

Aprende a hablar de lo que te molesta

Un niño aprende a hablar en un par de años, pero, sorprendentemente, la mayor parte de la gente nunca aprende a comunicarse. En particular, muchos de nosotros no hemos dominado el arte de manejar temas contenciosos o explicar realmente cómo nos sentimos.

Esto es desafortunado: ser capaz de hablar de estas cosas no sólo nos ayuda a evitar y solucionar conflictos, sino que es una excelente manera de tener una mucho más amplia perspectiva de la vida en general. Para muchas personas, hablar regularmente con un buen amigo o su pareja es suficiente para no hacer tormentas en un vaso de agua, pero la psicoterapia es también una buena opción, especialmente para quienes se sienten ansiosos en bases regulares.

Pon atención a tu postura y tu respiración

Tal vez debido al estilo de vida moderno y sedentario, la mayor parte de la gente está acostumbrada a respirar de forma muy superficial. Usar solo una pequeña parte de tu capacidad pulmonar significa que llega menos oxígeno a tu corriente sanguínea y a tu cerebro. Esto puede hacerte sentir más tenso y disminuir tu agudeza mental. Y peor aún, entre más tenso estés, más tiende a cerrarse el pecho, y más superficialmente respiramos, lo que te atrapa en un círculo vicioso.

Obvio nadie quiere estar atento a su respiración 24/7, pero practicar la respiración profunda es una de las maneras más simples y rápidas de parar tus pensamientos. Simplemente pon tu mano sobre el abdomen, y siente cómo se expande mientras respiras por la nariz, asegurándote de vaciar tus pulmones al exhalar.

A young woman in a red blouse smiling broadly

 

Y como nota al pie… no sentarte derecho o jorobar los hombros va, seguramente, a afectar tu respiración, pero además, juega un papel directo en cómo te sientes. Se ha estudiado como los seres humanos demuestran sus emociones, y se ha visto que nuestra postura y expresión facial SI afectan nuestros sentimientos. Así que si te sientes ansioso o triste, la expresión “al mal tiempo, buena cara” hace más sentido del que podríamos pensar.

 

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Algunas cosas que me gustaría que mi hijo supiera respecto a ser feliz

ser feliz

Ser madre es toda una travesía. Desde el momento en el que sabes que hay alguien vivo dentro de ti, hasta las enfermedades que sufres junto a ellos, los berrinches, los besos, las pláticas. Y los descubrimientos. Esos que haces acerca de ti misma, de cosas que nunca imaginabas. Cómo los cambios de planes, de prioridades, de forma de relacionarte, hasta de vocación.

Lo lindo, es que estos descubrimientos forman parte de la magia de volverte genuinamente más feliz. Porque es un viaje dentro de ti misma, que te lleva a lugares que simplemente no esperabas. Puede ser muy difícil, en incluso parecer imposible a ratos, pero hay que seguir y aprender, porque es el camino que más vale la pena.

Y en ese camino nos damos cuenta de que la mayoría de las veces, ser feliz tiene que ver con eso que damos a otros, en especial a nuestros hijos. Yo quiero que mi hijo sea feliz, que esté sano, que viva una vida plena llena de dicha y significado. Y (esto me ha llevado mi tiempo aprenderlo) la mejor manera de lograrlo, es lograrlo primero en mi misma. Solía pensar que concentrarme en ser feliz yo, era egoísta. Ahora estoy segura de que es lo menos egoísta que puedo hacer. De hecho, creo que ser feliz es una gran responsabilidad, sobre todo siendo parte del eje de una familia, es una responsabilidad con mi hijo, con mi pareja, con mi familia… con la gente que amo y me importa. Hasta con mis pacientes.

Así que aquí va, una lista, no exhaustiva, de como he ido aprendiendo a vivir una vida más feliz y plena. Es una especie de carta para mi hijo, lecciones o consejos que tarde menos en aprender que yo, y que espero algún día la entienda con la intención con la que está escrita.

Espero que al compartirlo, te inspire a crear tu propia lista y a compartirla con aquellos que amas.

  • Al final del día, se trata de tus relaciones con otros: del amor.
  • No esperes que alguien te de todo el amor y cuidados que deseas. Nadie puede ser tu todo, pueden ser tu “mucho”, pero no tu “todo”. Atesora a esas personas.
  • No trates de ser valiente todo el tiempo. Quiébrate de vez en cuando. Ten miedo. Estás tratando y aprendiendo. Está bien. Recuerda el porqué por el que empezaste y cuélgate de él. Ese porqué será tu guía a través del miedo.
  • Agradece. TODO. En especial las cosas pequeñas.
  • Se bueno contigo mismo. Háblate con amor, con benevolencia. Trátate como si fueras tu mejor amigo, aún después de cometer un error. No es que seas complaciente, es para ayudarte a ser mejor.
  • La mayor parte de las cosas mejoran después de una buena noche de sueño.
  • No guardes las cosas especiales para ocasiones especiales, disfruta todo lo que tienes. Cuando se te antoje. Usa tu ropa bonita porque sí.
  • Si dudas, date una vuelta. Caminar siempre despeja la mente.
  • Cuida tu cuerpo, no esperes a que la vida te pase factura por ser negligente contigo mismo.
  • Sólo puedes cambiar tú… no puedes cambiar a los otros, ni las relaciones… sólo a ti mismo. Si quieres cambiar algo (el mundo incluido), empieza por ti.
  • Eres más fuerte de lo que crees. Habrá veces que pensarás que ya no puedes más y descubrirás que si puedes… y el orgullo que viene después de lograrlo, atesóralo.
  • Un buen sueter que te gusta vale más que cinco que medio te quedan o no te gustan, por muy baratos que sean. Y lo mismo con todo lo demás.
  • Disfruta el AHORA. No te pierdas tu vida por andar siempre en la angustia del futuro y la añoranza del pasado.
  • Aprende de tu pasado, analízalo, entiéndelo… y luego déjalo atrás.
  • Come cosas de verdad, entre menos latas y procesados, mejor.
  • La felicidad no es sólo no tener emociones negativos. No es que estés fracasando en ser feliz si estás triste o enojado. Déjate sentir lo que sientes, sólo no pierdas de vista los momentos de calidez, cariño o belleza que siempre hay en el mundo… aunque tengas que limpiarte las lágrimas de los ojos para verlo.
  • Defiéndete. Es importante para que otros te den tu lugar, pero sobre todo es importante para que tú reclames el lugar que tienes en el mundo.
  • Esconder tus dones de otros no es humildad, es un robo. La verdadera humildad es aceptar tu responsabilidad de poner al servicio de otros esos dones. Tal vez puedas mejorar una (o varias) vida con ellos.
  • Confía en los detalles, eso te puede hacer feliz. Compra una pluma con la que te guste escribir, usa un buen balón para jugar, compra la manzana que se te antojó.
  • No existen las emociones equivocadas. Date oportunidad de sentir lo que sea que sientas, aunque sea difícil. Entre menos trates de evitar las emociones, más fácil será que puedas navegar a través de ellas.
  • Eres suficiente. Eres digno de amor, y maravilloso, y mereces felicidad verdadera y genuina. No tienes que hacer nada extra para ganártelo.
  • A la gente le importa mucho menos lo que haces de lo que crees.
  • Está bien tener días malos… esos también pasan… y nos enseñan cosas.
  • Si haces algo que te hace sentir bien, vuélvelo a hacer. Y aplica también en el trabajo.
  • Se honesto. Se real. Cuida tus palabras al serlo, pero di la verdad.
  • No eres tus pensamientos. No eres tus sentimientos. Son parte de ti, pero no son tu totalidad. Aprende a ser consciente de ellos para no transformarte en ellos.
  • Haz cosas manuales cada que puedas: cocinar, pintar, sembrar, tocar un instrumento, lo que sea. No te pierdas en este mundo virtual.
  • Cuando tengas un día espantoso, el menor logro ayuda. Así que limpia tu escritorio, párate de cabeza, tacha algo de tu lista de pendientes… algo que te ayude a sentir “logro”.
  • Se INTENCIONALMENTE amable, bueno. Y no esperes nada a cambio. Ya regresará.
  • Deja a un lado tus ideas de cómo deberían ser las cosas. La vida se va desarrollando como va, sobre la marcha, y tienes la opción de disfrutarla como viene, sin pensar en cómo debería de ser.
  • La comida sabe mejor en un plato que directo de la envoltura.
  • Todos los días encuentra un momento de silencio, de calma. De soledad. Aprende a disfrutar de tu compañía.
  • Si no sabes qué hacer, de todas maneras haz algo. La respuesta ya vendrá.
  • Viaja, todo lo que puedas. Y de vez en cuando, hazlo solo.
  • Lee, diario, lo que sea. Te enseña del mundo, te enseña a expresarte y te enseña a escribir. Cuida tu ortografía. Habla montones de ti.
  • Rompe tus reglas. Haz cosas que normalmente no harías: come algo que no te gusta, usa un color que “no es el tuyo”. Date la libertad de explorar.
  • Cuídate a ti mismo.
  • Ríete. Ríete mucho. Fuerte y seguido.
  • Nunca rechaces un abrazo por estar muy ocupado, o muy enojado, o por orgullo.
  • Que no lo veas no quiere decir que no exista.
  • Aprende la diferencia entre forzar algo y trabajar duro por algo. Te va a ahorrar mucho.

En serio… por último, todo se trata del amor. No el amor romántico, rosa, cursi… solo el amor. Ese que está dentro de ti. Encuéntralo, nútrelo, compártelo, nada en él. Viene disfrazado en muchas cosas.