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Engancharse en el dolor… o dejarlo fluir.

El dolor es uno de los grandes maestros en la vida, pero es importantísimo moverse a través de él y no atorarse ahí.

El dolor viene y va. Es sólo uno de los muchos componentes del gran ciclo de la vida. Y cuando lo vivimos como tal, el dolor puede servirnos como un gran maestro. Es cuando nos enganchamos en el dolor cuando se vuelve perjudicial para nuestro bienestar y desarrollo. Si empiezas a notar que te sientes cerrado, resentido, con el corazón pesado, o que tratas con todo de evitar que te lastimen otra vez, tal vez haya una parte de ti que está atorada en el dolor. Tener el dolor como compañero de vida puede hacer que te pierdas de muchas experiencias, y no solo hablo de las grandes experiencias de la vida, incluso de las cosas cotidianas como el disfrute de una charla o de una canción.

Podemos engancharnos en el dolor por muchas razones. De niños, nos es natural llorar, hacer un berrinche, y dejar que la experiencia nos mueva hacia adelante. Al dejarnos sentir nuestro dolor del todo de esta manera, nuestras emociones nos limpian, dejándonos abiertos y disponibles para nuevas experiencias. Sin embargo, con la edad, hemos ido aprendiendo como la expresión total de nuestras emociones ya no es apropiada, así que desarrollamos una variedad de estrategias para hacerle frente a nuestra incomodidad. Pudimos haber aprendido a enterrar nuestras emociones o a huir de ellas. Tal vez empezamos a pensar que al cerrarnos y no tratar cosas nuevas, estaríamos a salvo de sentirnos con el corazón roto, a salvo del rechazo, y a salvo del fracaso. Incluso tal vez nos acostumbramos a estar sufriendo, tanto, que nos da miedo estar sin sufrir, porque qué haríamos sin eso que nos ocupa tanto la mente. Pero, si seguimos aferrados al dolor más tiempo del necesario, estamos gastando mucha energía que podría ser canalizada en hacer nuestra experiencia en la vida más positiva.

Si estas conectado de manera continua con estos patrones de dolor ya tan conocidos, considera abrirte a conectar de manera consciente con ellos y dejarte sentir el dolor para después dejarlo ir. Ya sea un dolor de la infancia o de algo que te pasó la semana pasada, ve si puedes darle lugar para elaborarlo y luego dejarlo fluir. Cuando esto pase, vas a poder reconectar con la energía de vida que necesitas para ser feliz.

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Rompiendo ciclos familiares

Romper los patrones familiares puede ser la labor más importante que hagas… y la más desafiante.

Es fácil creer que al salir de nuestra casa de la infancia y embarcarnos en la aventura de la vida adulta, nos hemos salido también de los patrones familiares dañinos. Sin embargo, al mirarnos de cerca a nosotros mismos, podemos descubrir que nuestros comportamientos y creencias son, todavía, esos que nos impusieron nuestros padres durante nuestra juventud, o nuestros abuelos, o tíos… o esas generaciones por arriba de nosotros que nos criaron. No importa quién haya sido, todos cargamos con creencias que nos han heredado. Podemos encontrar que estamos perpetuando ciclos de generaciones previas de manera inconsciente, como por ejemplo, el miedo a tener lo suficiente, no mostrar afecto, guardar secretos.

Y sin embargo, se puede evitar la transmisión de esos patrones negativos de una generación a otra. Es posible convertirnos en el punto final en el cual los ciclos familiares negativos se ven extintos y acabar con su influencia. Romper con el patrón es cuestión de superar los valores impresos en nosotros hace mucho tiempo y reemplazarlos con amor, tolerancia y conocimiento consciente.

Aunque hayas lidiado con los efectos acumulativos de los ciclos familiares que fueron la expresión de estilos de vida establecidos y un reflejo de la lucha que tus ancestros fueron forzados a aguantar, tú puedes liberarte de los efectos de tu historia familiar. La voluntad que tienes para despojarte de estas viejas y oscuras formas de energía y avanzar hacia adelante a una nueva y amorosa energía, pueden convertirse en una forma de Epifanía. Un día tal vez simplemente te des cuenta de que ciertos aspectos de tu vida temprana tienen un efecto negativo en tu salud, tu felicidad y tu habilidad para evolucionar como individuo. O puede ser que te des cuenta de que para poder trascender estos antiguos patrones y creencias limitantes, comportamiento irracional y emociones artificiales, tienes que cuestionar tus valores y examinar a profundidad cómo tu familia ha impactado en tu personalidad. Sólo cuando entiendas como los ciclos familiares han influenciado tu vida, podrás liberarte de esos ciclos.

Para poder cambiar de verdad, tienes que darte permiso de cambiar. Romper los patrones familiares no es un acto de rebeldía o traición. Es importante que confíes en ti de manera implícita al determinar qué comportamientos y creencias son los que te ayudarán a reescribir el sistema de valores generacionalmente impuesto que limita tu potencial individual.

Al romper tus ciclos familiares negativos, descubrirás que tu habilidad para expresar tus emociones y necesidades crecerá exponencialmente y que te embarcarás en un viaje que te llevará a tener un mayor bienestar que puede impactarte no sólo a ti, sino a quienes vienen detrás de ti,

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Deja de odiarte

Ha habido periodos en mi vida en los que me he odiado a mi misma. Sólo de verme en el espejo cruzaban 87 pensamientos negativos, y de ver una foto podía encontrarme 18 defectos solo de los hombros para arriba. Y no sólo era la parte física, odiaba mi mente, mis miedos, mis sentimientos, y mis pensamientos. Mi corazón estaba lleno de críticas y juicios, era como ser bulleada por la niña más cruel de la escuela pero sin descansar en las tardes o los fines de semana. Yo era mi peor bully.

El autodesprecio… un lugar del que no hablamos de manera sincera tanto como se necesita y del que se piensa que es imposible salir, como si fuera nuestro karma.

Estamos viviendo un momento en el que estamos rodeados de frases de moda de auto cuidado y amor a uno mismo, yo misma lo hago, diario las pienso, las pongo en una imagen bonita y las comparto… pero… P-E-R-O… ¿sirve? ¿alguien se siente más seguro de si mismo o más feliz? Algunas personas tal vez si, otras tal vez alcancen a pensar en si mismos diferente (por lo menos un ratito), tal vez alguien busque ayuda a partir de eso… El problema es que al hablar de auto cuidado y amor a uno mismo no es suficiente, incluso algunas de las cosas que pretendemos como auto cuidado pueden llevarnos a pensar incluso peor de nosotros mismos cuando no están alimentadas de sinceridad e integridad.

Ser tu propio amigo es más que consentirte con indulgencias o lavarte el coco tú solito. Cuando somos amigos de nosotros mismos, podemos disfrutar no tener plan el viernes en la noche y andar sin maquillaje el domingo. Significa que te sientes cómodo de quedarte en casa sin la necesidad de ver Netflix todo el día mientras te comes un bote de helado, o sentirte de la misma manera, cómodo, saliendo si tienes ganas.

Es porque nos gustamos a nosotros mismos. Disfrutamos de nuestra propia compañía.

Significa pasar menos tiempo justificando nuestras decisiones, porque tenemos más seguridad en lo que queremos. No tenemos que saturar nuestra agenda con compromisos sociales o eventos del trabajo para sentirnos importantes.

Y, significa que no necesitamos estarnos reasegurando a nosotros mismos constantemente con frases que a veces ni siquiera nos llenan de manera genuina. Significa que no necesitamos depender de otras personas para que nos validen. Significa que no necesitamos darle gusto a todo el mundo para abrirnos paso en nuestras relaciones.

Hace unos años, empecé el viaje más importante de mi vida: conocerme… con la esperanza de dejar atrás a la bully que era para mi misma.

Algunas de las cosas más importantes que hice:

Invertí tiempo

Cuando queremos conocer gente, salimos. Cuando buscamos pareja, vamos a varias citas. Si vamos a ver a alguien cercano a nuestro corazón que vive lejos, nos enganchamos en conversaciones de calidad.

Sabemos que llegar a conocer a una persona toma tiempo, y elegimos invertirlo. Salimos, probamos cosas nuevas, y compartimos nuestros lugares y cosas favoritos. Abrimos una parte de nosotros mismos para que nos puedan conocer.

¿Y si eligiéramos invertir tiempo en nosotros mismos de esta manera?

Ve a ver la película que quieres ver, o come en un lugar que llevas un rato queriendo probar, busca tu lugar favorito para ver el atardecer, ve a terapia por gusto, no sólo cuando lo necesitas desesperadamente, haz tiempo para encontrar un hobby que te llene, sal sin tu teléfono, escucha tus pensamientos mientras haces quehaceres, siéntate en tu silla favorita 10 minutos, solo porque es tu silla favorita y la quieres disfrutar.

Para conocernos, tenemos que pasar tiempo con nosotros mismos, escuchar nuestros pensamientos y poner atención. Cuando nos tratamos a nosotros mismos con calidad, en lugar de indiferencia, nos damos la oportunidad de ver lo que somos.

Puse atención a mi lengua y mande a la goma las mentiras

Lo que nos decimos a nosotros mismo, y lo que decimos de nosotros mismos, importa.

Imagina estos tres tipos de amistades: el que te sigue todo el día para decirte cosas negativas y criticarte; el amigo que te miente constantemente y se justifica para mentir; el amigo positivo y lleno de energía al punto de la locura.

Uff. Ninguna de estas amistades son sanas. Probablemente no conservaríamos a ninguno de estos amigos en la vida real.

En las amistades genuinas, alentamos y animamos a nuestros amigos. Les damos el beneficio de la duda. Somos honestos. Vemos más allá de sus defectos y elegimos sus cosas buenas. Compartimos lo bueno y lo malo, emociones y experiencias, para apoyarnos.

Deberíamos tratarnos a nosotros mismos igual.

Dejé de esperar que TODOS me aceptaran (y me quisieran)

Cuando empecé a pasar más tiempo sola, me di cuenta de lo mucho que había aprendido a depender de la validación externa. Pero sentada en mi mecedora al final del día, yo sola, no podía esconder mis pensamientos o mi personalidad en conversaciones agradables, bromas o tratando de darle gusto a alguien más. Bajándole un poco a las redes sociales, tuve menos likes y validación instantánea. Con estas muletas sosteniéndome, aprendí que la aceptación de los otros no es un fundamento sólido para una persona.

Simplemente no lo es. No como adulto.

Nadie puede querernos lo suficiente como para que nos queramos sólo por eso. No hay cumplidos, invitaciones o porras digitales que alguien pueda echarte suficientes para que nuestro cerebro deje de creer lo que nosotros mismos le decimos.

Incluso si fuera posible, no podemos depender de ellos las 24 horas del día para darnos un suministro de confianza al cual recurrir un miércoles cualquiera a las 7:30 cuando entremos en crisis. Sería pedir demasiado.

Vivimos en nuestro propio cuerpo. Ocupamos nuestra propia mente. Somos los mejores candidatos para conocernos a nosotros mismos y ser nuestros mejores amigos. Somos responsables de sentirnos bien en nuestra propia piel y con respecto a nosotros mismos.

Evité la evitación… y dejé todas las distracciones

En nuestro camino a conocernos a nosotros mismos, en algún momento tendremos que enfrentar lo difícil.

Esos defectos que nos hacen corto circuito y nos ponen fuchi. Los errores que nos parecen imperdonables. Los pensamientos que sabemos que no son sanos pero que no hemos podido mejorar.

Puede ser incómodo, y dar mucho trabajo. Habrá momentos difíciles y días en los que tendremos que enfrentarnos a cosas de nosotros mismos que no nos gustan.

Puede ser un lunar. Una ceja chueca. Algo que dijiste en la junta de la 1:00 y que te hizo sentir mal. Los pensamientos oscuros que tienes de ti mismo.

Nuestros demonios no se van a ir solos, tenemos que enfrentarlos. Sin excusas. Sin evitaciones. Sin distracciones.

Es como enfrentarte al Coco, a ese que se esconde en tu closet y que has estado evitando por meses, viéndolo a los ojos y decirle “ya te vi, y me das miedo, pero estoy lista para enfrentarte y aceptar que estas en el closet de mi cuarto”.

Claro que en la vida real sonaría más a algo así como “Dije una tontería. Siempre me apanico con X persona y me pasó hoy otra vez, pero ya pasó y puedo intentarlo de nuevo después”.

Tal vez el lunar todavía exista, la ceja nunca se enderece y digamos tonterías muchas veces más… pero nuestra conversación mental con respecto a esos temas puede cambiar.

Enfréntalo. Escucha tus juicios. Experimenta tu reacción emocional. Y enfréntalo más. Da un paso atrás y observa el panorama más grande. Cuando enfrentamos a nuestros demonios, empezamos a transformar nuestra relación con nosotros mismos.

Y no tenemos que seguir teniéndoles miedo.

Decidí ya no aceptar el bullying

No hay virtud en el autodesprecio. Odiarnos a nosotros mismos no es humildad. Es bullying.

Con tantas cosas bonitas, divertidas, interesantes e importantes que hacer en este mundo, no deberíamos desperdiciar el tiempo en la vorágine del autodesprecio. Podemos decidir que ya no vamos a aceptar ser bulleados.

En algún punto, debemos aceptar la responsabilidad que tenemos de cultivar la amistad con nosotros mismos y rechazar el bullying que nos hacemos. Nadie puede hacer eso por nosotros. Es una labor propia.

Toma tiempo, y cuesta trabajo. No siempre lo hacemos bien y no nos vamos a convertir en nuestro mejor amigo de manera automática.

Pero, con un poco de paciencia, un poco de atención, un poco de armonía, podemos aprender a ver nuestras fortalezas y nuestro progreso, en lugar de nuestros errores y defectos. Podremos disfrutar nuestras decisiones y logros, en lugar de vivir en la comparación con los demás. Podemos sentirnos completos y disfrutar quienes somos… como somos.

Tener paz… se siente bien.